Entre flores: una conversación con Andrea Camarelli y Noé García

(sobre el proyecto Jamaica más viva que nunca dentro del programa Ciudad y Conflicto De Proyecto Changarrito)*

En Jamaica más viva que nunca, la artista Andrea Camarelli invita a los trabajadores del Mercado de Jamaica a participar en la construcción de una corona con listones en los cuales cada trabajador escribe una palabra emblemática de lo que es el mercado. Este proceso dura varios meses y culmina con una procesión por el mercado cargando la corona y recitando las más de 1,000 palabras reunidas. El próximo año, la corona estará en el Museo de la Ciudad de México para una exposición de Proyecto Changarrito.

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“Esta corona representa algo así como un sensor, un estimulante, algo que nos recuerda que existimos.” –N.G.

Arte Social. Término que escuchamos con más frecuencia cada día. Sin embargo, la compleja naturaleza de estos proyectos y sus implicaciones no solo para el mundo del arte sino para la comunidad con la que se trabaja, trae muchas preguntas a la mesa. Podríamos empezar por preguntamos: ¿Qué hace que un proyecto artístico se considere social? ¿Qué rol juega el espacio público en la propuesta? ¿Qué aspectos de cierta comunidad intenta visibilizar? ¿Cómo logra el artista, muchas veces alejado de la comunidad con la que trabaja, establecer vínculos?  Tal es el caso de la artista Andrea Camarelli, quien con una gracia inigualable logra adentrase en las entrañas del Mercado de Jamaica. Su principal contacto en el mercado: Noé García, Jefe de Mantenimiento, un hombre con una mirada honesta y un saludo firme; su vocación: el servicio que desempeña con una fuerte convicción que resulta en su gran poder de convocatoria. ¿Cómo logramos explicar el éxito artístico y social del encuentro entre estas dos personas? Tal vez, la respuesta la podemos encontrar detrás de las palabras del artista Krzysztof Wodiczko, quien al hablar de su trabajo con distintos grupos sociales expresa: “sin el desarrollo de la confianza, no hay posibilidad para mi trabajo.”

Othiana Roffiel – Cuéntame de tu primer encuentro con el arte, ¿para tí, que papel debe jugar el arte?, ¿alguna vez pensaste que el arte se pudiera manifestar “así”?

Noé García – Ahí me tocas un nervio muy bonito que tenemos en el corazón y la imaginación. Realmente el primer encuentro que tuve con el arte fue en 1970. Estaba en sexto año de primaria y me acuerdo que hubo un concurso de dibujo para participar en la televisión. Ese dibujo que hice lo hice inspirado en el mundial de fútbol. Dibujé con todo el ímpetu de aventarse a tomar la pelota y detener el gol, a un portero hermoso, volando, atajando. Y ahí me di cuenta que se me facilitaba un poco el dibujo. Ese para mí fue mi primer contacto con el arte.
Yo creo que el arte es fundamental porque aparte de que es algo muy hermoso que puede verse, que puede oírse, que puede tocarse, es parte del alma de uno. Si uno no conoce el arte, uno no llega a conocer el sentimiento de la gente. Uno percibe…algo que redunda en más arte… más, más… son sentimientos. El contacto con la gente es fundamental y yo creo que es lo más precioso que me ha pasado en mi vida. Eso de conocer, de saber que hay otras gentes, eso de entender que hay arte. Por ejemplo al otro lado del mundo, hay otra concepción o otra percepción de la vida. Entonces los mexicanos nos damos cuenta que estamos profundamente tocados por el arte, desde nuestros ancestros. En las ruinas se encuentran recuerdos que nos dejaron, que hablan de la profundidad que tiene nuestra cultura como latinos.

othianaO.R. – ¿Siempre te interesaron los proyectos sociales?

Andrea Camarelli –Me estoy acordando… Cuando me fui a estudiar a la universidad me tenía que ir a inscribir mi papá porque fui de 17 años. Le digo, “inscríbeme en Bellas Artes” y entonces él me dice “¿Cómo en Bellas Artes? ¡Te voy a inscribir en Derecho, en Abogacía! Si desde que naciste estás refutando todo.” Duré seis meses en derecho y me dediqué a Bellas Artes toda mi vida, pero en cierta manera creo que algo me quedó ahí con respecto a los derechos de la gente.
Cuando llego a México veo una gran carencia. Me empezó a interesar muchísimo el tema del feminismo y de los derechos de la mujer. Con estas inquietudes, me involucro en diversos proyectos sociales trabajando con ciertas comunidades, muchas veces orientados hacia una mujer que necesita visibilidad.
El proyecto actual que estamos haciendo con el Changarrito tiene que ver con esta misma idea de darle visibilidad a un grupo, pero en este caso llevado al mercado de las flores en donde la mayoría de los trabajadores son hombres. A través de la idea de un proyecto de historias orales, se le da visibilidad al trabajador del Mercado de Jamaica, a ese campesino que se traslada a la ciudad, y se aglomera ahí, buscando las oportunidades que ya no les da el campo.

O.R. – ¿Cómo fue tu primer encuentro con Andrea? ¿Cómo fue trabajar con ella?

N.G. – Luego luego al verla me causó una gran confianza…es como un flechazo. Y entonces me dice, “fíjate que vamos a hacer este proyecto…” A mí me entusiasmó esa idea porque realmente este tipo de proyectos son como adornar el pastel, que es Jamaica. Realmente es una forma de hacer como un diagrama o una radiografía y ver; conocer el sentido y el sentimiento de los jamaiquinos. Y también porque es una corona que va a ir a lugares, como al Museo de la Ciudad de México y que de alguna manera le va a dar una proyección al mercado.
Fue muy bonito trabajar con Andrea porque me hizo acercarme a la gente. Yo vi la humildad que hay en ella, su actitud muy plena, muy sana y eso es lo que le encanta a la gente. Por eso este proyecto de ella aquí en Jamaica ha tenido un gran éxito. Se ha proyectado.

O.R. -¿Cómo te aproximas a la comunidad con la que vas a trabajar? ¿Cuál era tu miedo más grande al empezar el proyecto? ¿Con qué retos te topas?

A.C. – Estamos hablando de que tenemos mil listones y son siete mil trabajadores. Es un porcentaje que se siente identificado con mi obra y que quiere participar. Creo que hay una parte en mí que es muy sincera y muy honesta. Yo creo que esa es la parte que hace que conecte y que quieran trabajar conmigo y yo para ellos.
La riqueza que yo tengo es la gente con la que me topo para mis proyectos. Con que me presentes a alguien, tengo acceso con la gente. Lo que es lo social me va muy bien. Para mí la gente es gente, es ser humano y todos tienen algo para dar. Mi gran fortuna es poder estar en distintos espacios sociales como pez en el agua. Soy muy camaleónica, es maravillosa esta película de Woody Allen, Zelig. Cuando tu tienes esa fidelidad contigo las cosas te salen bien.
Los miedos más grandes de mis proyectos sociales son la convocatoria; ya sea de la gente que va a tomar tu taller o incluso como docente, que quieran tomar tu clase. Cuando yo era profesora no ponía asistencia, yo decía, “voy a hacer las clases tan atractivas que tengan que venir”. Le daba muchísimo a mis alumnos, pero ellos me devolvían el triple… Con el tema del mercado, a poco tiempo de empezar el proyecto aparecieron varias cajitas llenas. Se siguieron llenado y cuando tuve 100 listones dije “ya, ya estoy”. El miedo, el terror mío es no tener convocatoria, y eso hasta ahora me ha ido bien.

O.R. – Por lo que entiendo, tú fuiste de gran ayuda para Andrea, ¿cómo lograste que le entraran al proyecto tus compañeros?, ¿con qué retos te topaste?, ¿cómo crees que el trabajo de Andrea afectó a los vendedores?

N.G. – Luego luego reclaman o se quejan y dicen, “ay otra vez, ay una más” pero nunca se imaginaron que pues su participación les iba a caer en el corazón porque realmente la palabra que ellos escriben en un listón tiene que ser una palabra salida de su corazón, de su inspiración, de su mente. Hay una lista de palabras que me ha enseñado Andrea, todas las que han escrito, y tienen que ver con el espíritu jovial, el espíritu ilustrativo de ilusión y esperanza; porque si hay algo en Jamaica es un espíritu de esperanza.

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O.R. – ¿Cómo se relacionan estos proyectos al resto de tu obra, en general de un carácter más íntimo?

A.C. – Mis iniciativas personales respecto a lo social siempre son llevadas a lo que yo sé hacer, que es el trabajo plástico. Por una parte, está la obra muy íntima que es la obra plástica y otra es la necesidad como ser humano cívico de hacer algo por la sociedad. Aunque en ambos siempre hay un resultado objetual, que es sobre lo que trabajamos los artistas plásticos. La obra que trabajo sola en el estudio se ve influenciada por todo con lo que me topo en los proyectos sociales. En el caso del mercado, solía llevarme todo el color al que me expongo en el mercado al estudio. Como de igual manera, veo la corona y es claro que su forma sale mi obra plástica. Ese es el juego.
Los dos me interesan muchísimo, los dos para mí son mi trabajo. Yo sigo siendo una pintora, no soy netamente una activista social. El artista es el portavoz de un grupo social; no de todo porque uno no se puede plantear cambiar las estructuras sociales… Más bien lo que puedo hacer es trabajar con un grupo social específico que se sienta representado por mi obra, que se sienta identificado. Así fue como sucedió dentro del merado donde encontré gente como Noé y su hija Jattsi que se conectaron totalmente con mi proyecto… Con eso, con dos o tres ya me siento muy tranquila.
Cuando tú haces un proyecto eres la coordinadora, la disparadora de la idea.

O.R. – ¿Qué peso carga un espacio tan complejo como lo es un mercado? En algún momento te referiste al mercado como el “éxodo del campesino a la ciudad.” Por varios meses fuiste testigo de la compleja red económica y social que existe alrededor de la travesía de los productos que se comercian ahí. ¿Qué te dijo este microcosmos mercantil sobre el contexto más grande?

A.C. – El problema más grande que tenemos es de espacio, el cual se refleja en los conflictos que hay dentro del mercado. Éstos como consecuencia de la falta de oportunidades laborales al igual que el olvido del derecho al trabajo. Es un fenómeno de hacinamiento, en el que cada metro se tiene que ganar y dividir; y no solamente estoy hablando del espacio físico, sino también del emocional… es un fenómeno muy complejo. Aunque está muy bien administrado el mercado, el tema de la limitación de los espacios en las grandes ciudades se sigue reflejando en diversos espacios.

O.R. – ¿Cuál ha sido el proceso de transformación de la corona?, ¿cuál es la diferencia en el impacto que tiene la pieza en un contexto como el que es un museo en contraste con un espacio público, “ajeno” al mundo del arte, como lo es el Mercado de Jamaica?

A.C. – Yo quería hacer algo con historias orales en el mercado, pero cuando llego ahí y veo la cantidad de trabajadores me pregunto, ¿qué hacemos para tener la capacidad de que toda la gente pueda decir algo? Tenía claro que nadie podía quedar fuera ya que en este tipo de trabajos lo que tienes que cuidar es que no sean excluyentes. Ese es el punto nodal de mi propuesta: Que la convocatoria tenga la capacidad para que todos los que quieran puedan participar. Si hay siete mil personas, como es en el caso de Jamaica, yo tengo que tener la capacidad para que las siete mil digan algo. Con esto en mente, se determinó que cada persona contaría su historia a través de una sola palabra plasmada en un listón, de esta manera todos los que quisieran tendrían la oportunidad de participar.
Mientras fuimos recopilando las palabras, fuimos conociendo el ideario del mercado: Los sueños, anhelos y críticas de la gente. La mayoría de las palabras se introdujeron en una serie de buzones que repartimos. Lo hicimos anónimo y silencioso ya que queríamos saber cual era el sistema axiológico y de valores en el mercado. Nos sorprendimos al ver que nos entregaban buzones llenos cada semana. La participación de Noé fue invaluable. En este proceso, hemos pasado días en Jamaica hablando con la gente, compartiéndoles el proyecto y ellos sus palabras.
Una vez que esté lista la corona, vamos a hacer una procesión por el mercado cargándola, diciendo todas las palabras, caminando con la gente.
El Changarrito tiene una exposición en el Museo de la Ciudad el año que viene y la corona va a estar expuesta allí. La idea de que la corona se va a ir a un museo le atrae mucho a la gente del mercado ya que sienten que su palabra va a trascender ese espacio. Pensando a futuro, como la gente del mercado viene de muchas provincias me gustaría que se enseñara en otros lugares.

IMG_5424 - Versión 2N.G. – La corona yo me la imagino como una rueda que va a rodar. Va a ir mostrándose, mostrándose, mostrándose. Como aquella rueda que va dirigiendo un niño con el alambre en el camino empedrado. Yo creo que no le queda otro museo más exacto para que esa corona llegue ahí como una rueda, “la vida es como una gran rueda que baja siempre rodando, nos da penas y alegrías pero no nos dice cuando.”
Yo creo que tiene diferentes contextos. La corona aquí es anfitriona y va a ser reconocida por la gente porque ahí esta pasmado su sentimiento. Ese es el impacto superior que puede haber. Ya lo que pase en el museo será la admiración de la gente y lo va a ver como cualquier cuadro en cualquier museo, le va a gustar, lo va a ver, pero no va a tener lo entrañable que es del mercado. yo creo que el principal impacto va a ser aquí porque la gente lo esta esperando.

O.R. – Otro elemento que veo presente en diversos momentos de tu obra son las palabras, ¿Qué peso tienen las palabras en tu obra? ¿Las historias orales?

A.C. – Cuando quiero provocar una sensación el lenguaje pictórico con el que decido expresarme es uno, pero cuando quiero decir algo las palabras escritas se vuelven el centro de la pieza. El arte textual a mí me fascina.
La gente de diversas comunidades, en este caso la del mercado, muchas veces no se le han dado oportunidades para expresar sus opiniones sobre distintos temas. A la mujer de comunidad no le han preguntado si quería ser mamá, si quería bordar. Por esto, el hecho de que alguien le empiece a hacer estas preguntas, que le digan, ¿qué es lo que más te gusta? las empodera, tanto que hace que se sientan que su palabra es tan importante como para bordarla como fue en Colima… O actualmente en Jamaica, escribirla sobre un listón.

O.R. – Y por último, cuéntenme, ¿qué palabra escribieron?, ¿para ustedes qué es Jamaica?

N.G. – Luego luego yo puse dos listones. Uno decía “luz” y me sorprendí que había otros listones iguales. Lo principal que yo veo es el impacto que da la corona. No le puse algo chusco, puse la palabra “luz”, “Hágase la luz”. Jamaica esta un poco en tinieblas pero ya se hizo la luz y ahí va la corona. Eso es.

A.C. – “Convocatoria”. Estamos muy sorprendidos con la convocatoria. El mercado es un lugar complejo y plasmar un ideario personal en un listón puede ser algo íntimo. Sin embargo, la participación de la gente superó las expectativas. Me hace pensar que si lo pude hacer ahí, lo puedo hacer en cualquier lado. Lo que sucede siempre es que me alientan a mucho más. Este proyecto es una palomita más la cual me llena de nuevas ideas para proyectos futuros. Pondría “convocatoria” porque es lo que más buscaba y lo que más encontré.


*Este proyecto es posible gracias al apoyo de Prince Claus Fund

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