Iris García Navarro: guardiana de la memoria

 

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Nos desplazamos por la ciudad todos los días, como autómatas en esta gran urbe que se traga nuestras ganas. Pocas veces nos detenemos a observar y a sentir la energía que emana de sus calles y de sus gentes. Sin embargo, de vez en cuando nos topamos con alguna instancia citadina que nos invita a detenernos y nos recuerda la importancia de reconocer y disfrutar el espacio donde nos encontramos parados. Para mí y para muchos otros, eso fue Iris García Navarro aquella mañana sabatina de junio en el corazón de Iztacalco, durante la cuarta intervención de “Archivo del Lago”, una idea de esta joven artista que se presenta dentro del programa Ciudad y Conflicto en “El Changarrito”, un proyecto del artista Máximo González.

Al acercarme, me fue difícil distinguir ese puesto ambulante cuya estructura se asemeja a los puestos del comercio callejero de México, pero que en realidad actúa como una plataforma alternativa de exhibición para artistas emergentes. “El Changarrito” -un carrito color de rosa donde se podría vender cualquier cosa- se encontraba en perfecta armonía con el paisaje frenético del tianguis de la Unidad Habitacional Iztacalco. Iris podría fácilmente haber estado vendiendo chácharas; sin embargo, al acercarse, uno lograba apreciar unas pequeñas imágenes que se exhibían colgando del carrito. Quienes llegaban movidos por la curiosidad, eran cautivados por la sonrisa carismática de esta joven artista. Algunos se acercaban desconfiados con la idea de que Iris quería que le compraran algo o bien de que ofrecía alguna propaganda política. Para su asombro, descubrían que lo que ella vendía y compraba eran memorias.

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Memorias de un lago que alguna vez existió como un proyecto de un ideal urbano del modernismo, pero que desapareció después de haberse secado en la década de 1980 y cuyo espacio se fue transformando a lo largo de los años. Simultáneamente testigo y víctima de una transformación social, de los efectos del tiempo, de los intentos de rehabilitación y de los intereses políticos involucrados en este proceso, con los años este espacio se convirtió en el “Parque del ex Lago”.

Bajo esta pauta, García Navarro motivaba a la comunidad a escribir recuerdos detrás de postales que la artista les entregaba para que en ella plasmaran alguna vivencia en el lago. Una vez terminada la misión, cada visitante devolvía su postal, e Iris le entregaba otra en blanco para que se la llevaran de recuerdo. Un bello trueque que le permitía a la artista funcionar como guardiana de un fragmento de la memoria urbana para crear así un archivo cultural, y a las personas llevarse consigo el sentimiento de haberse reconectado con una parte crucial de su identidad. Algunos escribían silenciosamente su anécdota y seguían su camino; otros se quedaban un rato largo contándole a Iris historia tras historia, ella siempre receptiva, tratando de comprender el papel que la comunidad de Iztacalco -su comunidad- tiene en su propio camino.

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De esta manera, Iris se sitúa entre la tensión del archivo cultural y la vida cotidiana, y al existir en medio de esta dicotomía, se vuelve una guardiana de la memoria y, a través de ésta, logra volver la mirada del artista hacia la calle, y la mirada de la calle hacia el arte. El vehículo: un changarrito y algunas fotografías. Elementos cotidianos que al ser manipulados por Iris se tornaron en algo mágico que permitió recordarles a muchos el papel que juegan los espacios públicos como agentes que nos permiten aproximamos a la ciudad en la que vivimos y así ir moldeando nuestra identidad; al igual que la importancia de recuperar estos espacios, la relación entre la urbe y la naturaleza, y el papel de las autoridades en este proceso. Pero más que nada, la certeza de que al final, en este caso, el lago permanece vivo y lleno en el recuerdo de aquellos que alguna vez lo conocieron. El lago ya no está físicamente, pero es un lago vivo, por su peso histórico, social y emocional.

Es ese recuerdo vivo lo que nos transmite la belleza que existe inclusive detrás de la decadencia, que habla de este sueño del modernismo y la utopía detrás de las unidades habitacionales. Basta caminar por Tlatelolco o por Iztacalco para sentir este legado, una arquitectura estancada en otro tiempo, pero viva y actual gracias a sus habitantes. Una bella dicotomía. La belleza tras estos complejos procesos que aunque pueden parecer negativos, son parte de la estructura social en la que vivimos y que nos traen grandes regalos como es el proyecto de Iris.

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Gracias a artistas como ella, la memoria de un lago permanece, aunque ahora de otra forma, como un conjunto de historias, de vivencias individuales que los creadores del arte se encargan de entretejer para crear una conciencia que une el pasado con el presente, lo individual con lo colectivo. A través de este espacio en transformación, los habitantes de Iztacalco y aquellos que tenemos la suerte de aproximarnos a través de la obra de Iris García Navarro, podemos acercarnos más a la vida misma, a un fragmento de vida que a partir de este momento también será nuestro.

Proyecto Archivo del Lago – El Changarrito
Parque Ex-Lago de la Unidad Infonavit Iztacalco – 20 de junio de 2015
Este proyecto es posible gracias al apoyo del Prince Claus Fund

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Othiana Roffiel es una artista mexicana que reside en la ciudad de México. Es graduada de Bellas Artes en The Savannah College of Art and Design. Su obra se encuentra en importantes colecciones en México y el extranjero. Actualmente escribe reseñas de arte para la revista internacional Artpulse. La escritura y la enseñanza son parte importante de su práctica artística.

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