Los árboles solitarios, de Alejandro Tarantino

 

12-Haya,medium.1388666687[El Varapalo publica la presentación a cargo de Juan Ramón Martín del libro de Alejandro Tarantino, Los árboles solitarios, junto con una selección de textos y de ilustraciones del propio autor  tomadas de este hermoso poemario, experimento y meditación publicado en la editorial Devenir.]

 

Empatía

Crece lúcumo en tu vientre, araucaria de ponto, y mandorla ajena a la boca que aún no llora el gesto de haber nacido, en la tierra estigia de sangre freática, sin ojos ni venganza, ni corazón sobre el pardo texto de la corteza vegetal; crece, el aire que exhala la ausencia del mortal, la respiración de tu vientre del que brota el monstruo magnífico y condenado de la inmovilidad. Pasarán los pueblos hacia la conciencia, el fruto contra la sima nace de ti, y la noche del universo avanza, y antes de ser ya no somos la sagrada nada del istmo, el descenso de la rivera al cauce o al mar extinto.

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Hamlet escucha a Dionisos

No serás el sueño de tu padre. No serás el pináculo de la culpa sobre los alanos bálticos, nómadas entre los témpanos, que guardan el norte de la noche, el frío de las voces, no serás iranio en el corazón ni jamás escita, no, nunca serás otro que el que duda. Serás sin estribo y arco, el que se detiene en el rio de la vida, bajo álamos que susurran de las huellas detenidas del ser, del postremo hierofante sin hiera venerables. Danza el animal en tu tributo vertical a la ausencia del tirso. Hierático el no ser, sofoca su respiración el bosque y se hace hueco de ti, inicio de la llama estilada en los huelgos boreales, favilas de canto y dilema.

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Ricardo Reis dixit

Hay hombres de máscaras solitarias, de herméticas fárfaras sobre la carencia; hay hombres de frágiles lechos apóstatas, incuria que abdica de la muerte y el hiato de su ofídica boca; hay un brote de la rama del árbol, ciega tolva que finge un laberinto de hojas absortas del lauro, en él comienza la oscuridad del amor en habitaciones ocultadas por la ciudad, aquí comienza la soledad, y acaba tu espalda, la que no espera que ladren los olmos ni encaramarse a la núbil encina, la anciana voz que escucha la cepa nuda del otoño, la fértil hojarasca que lo cubre, ya todo desconocido, ya velado, eternamente, el nombre en su metáfora.

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El texto que da forma a este libro, compuesto por una sucesión de poemas en prosa, de poemas enormemente musicales, ricos en significados, me ha tenido entretenido con lecturas y relecturas el último mes. Es un libro lleno de sugerencias cultas. Hunde sus raíces en la historia, en el mito o en el paisaje. Pero también lo hace en la experiencia de vida del autor que se trasluce conforme van pasando las hojas.

Yo recomendaría una lectura continua, de corrido, que es como se debe leer este tipo de poemarios compactos, coherentes, plurisignificantes; hay él una suma de acontecimientos literarios que se va enriqueciendo según avanza la lectura: unos entran en resonancia con otros; todos se alimentan entrechocando y van desglosando una personal hermenéutica del amor como queda anunciado en el título. Es un libro que tiene muchas capas de lectura. He leído varias veces cada uno de los poemas y he ido encontrando en cada ocasión diferentes niveles de profundidad, de complejidad y de riqueza expresiva.

Me gustaría ofrecer en esta ocasión una traducción del libro bajo mi mirada personal; la mirada del artista plástico que observa el mundo a través de las imágenes visuales. Los aspectos espaciales que se perciben en el libro han dado una pequeña colección de ilustraciones que acompañan la lectura. Pero mucho más que estas, las palabras describen lugares y formas, luces y sombras que me han resultado especialmente interesantes. Decía Gastón Bachelard que la imaginación rebasa siempre la realidad. Todo el libro está transitado de espacios singulares. En los recovecos del discurso de Tarantino encontramos cientos de imágenes de espacios habitados guardados en la memoria: colores, atardeceres, crepúsculos, mares, paisajes, tiempos… Paisajes vastos; a veces mediterráneos; a veces medievales.

Pero también detalles pequeños, detalles visuales en los que se fija el autor con un acercamiento de entomólogo para describirnos, por ejemplo, una grieta en la corteza de un árbol donde la lluvia condensa un pequeño, un diminuto estanque en el que flota una hoja, a partir de esta imagen el poema trasciende hacia un motivo de amor.

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En el libro resuenan poderosamente el Tiempo y el Espacio, ambos con mayúsculas, en dosis equivalentes. El tiempo en las formas históricas gobernadas por una clepsidra levemente borgiana. El espacio se manifiesta entre las hojas verdes, los jardines lejanos o los mares sicilianos: la tersa laguna en la que habita el Fauno en palabras de Gamoneda.

“En la naturaleza no hay nada anodino todo tiene un profundo interés” decía el arquitecto de la Sota hace unos años en la escuela de arquitectura: “En la naturaleza no hay nada anodino todo tiene un profundo interés” Esta idea es seguida muy de cerca por un Tarantino que mira, observa y contempla la naturaleza y se hace muchas preguntas: un autor que lee el paisaje que le rodea, que lee en los paisajes de su memoria y extrae de ellos, a través de su profunda sensibilidad, argumentos que explican la vida como si fuese un exégeta que leyera la naturaleza para ofrecernos una explicación.

El hilo conductor del libro es una larga serie de nombres de árboles. Árboles solitarios que enseguida reconocemos. A todos ellos Tarantino les dota de una presencia enormemente singular. Cada uno de ellos con su carácter, con su imagen de árbol, sirve de detonante para generar la idea que nutre al poema y que trasciende hacia otros destinos. Cada poema sostiene una idea. Cada idea queda cosida por imágenes visuales que parecen extraídas por alguien que estuviera observando el mundo en otro tiempo y nos revelara acontecimientos del momento presente conforme se va produciendo la lectura.

Quien lea este libro conocerá una más de las infinitas explicaciones del mundo que nos han dado los artistas: literatos, pintores, escultores o músicos; como si leyéramos a través de los árboles a través de sus hojas, de sus masas, de sus verdes, naranjas y marrones. Como si leyéramos a través de los árboles.

Moviendo unos papeles para la preparación de esta presentación apareció el siguiente texto que escribí hace unos meses y que quiero compartir con vosotros y que, creo, viene al caso. Dice así: “Vengo de cruzar Andalucía. Tras pasar por los mares infinitos de olivo tomo el curso del Guadalquivir. Cazorla. Veo de lejos las cumbres de la Sierra Morena me dirijo a ella. Voy hacia el valle del Guadiana. Paro en Fregenal de la Sierra. Los alcornoques se dibujan contra el cielo en una caligrafía jeroglífica”. Fin de la cita. Algo de todo esto atraviesa las páginas del libro.

He compuesto tomando palabras de Tarantino un pequeño bouquet visual que, como aperitivo del libro os ofrezco a continuación:

-Los árboles solitarios: Una taxonomía de sentimientos como letanía.

-Olmo: (Paisaje). Sal, montañas y hojas postran tus miedos.

-Roble: (descriptiva). Berciales, Córdoba. Eternidades.

-Acebo: (Letanía. Antífona). Clepsidra bajo la lluvia.

-Aliso: Todo es sin tiempo, amor, menos nosotros.

-Olivo: (Experiencial). He vuelto al liquen del nogal. Experiencia.

-Enebro: (Canción). Sonata siciliana.

-Tilo: (Declarativo).

-Encina: Sin dios. Sin destino. Anuncia un final seguro. Padecimiento.

-Nogal: Soledad en diciembre. Bosque solitario.

-Álamo: Mi vida, mi paisaje. Mi necesidad (non cesare)

El libro que nos ocupa esta tarde viene de muy lejos. Tiene algo de sublime (entendida esta palabra como compuesta de sub y limes: sub-limes) por cuanto se acerca a los límites semánticos creando momentos de inestabilidad muy enriquecedores. Arraiga en la obra literaria clásica española y llega al siglo XXI con la potencia y complejidad de lo contemporáneo; se sitúa en la cresta de la modernidad; su narración no es convencional; expresa una realidad interior compleja en la que explora el laberinto de la conciencia y la memoria; en muchas ocasiones subvierte el orden de lo narrativo y explora espacios nuevos. Es una obra de construcción pura.

Muchas gracias por su atención.

Juan Ramón Martín, presentación de Los árboles solitarios, abril de 2015.

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