María Tena: El novio chino

En El novio chino (puedes leer aquí los primeros capítulos) María Tena nos introduce, velozmente en la historia de dos hombres, y lo hace desde el cómodo asiento en primera clase de un vuelo que parte desde París hacia Shanghái, en el caso de uno de los dos protagonistas; y desde el asiento de madera en un viejo tren que parte de una triste estación de una pobre localidad campesina de China, hacia el mismo destino, en el caso del segundo protagonista. La escritora sólo necesita de unas breves líneas para describirnos sabiamente la psicología de los personajes, su pasado, el porqué de su presente y la razón de sus huidas respectivas.

Dos orígenes opuestos y un mismo destino. En el arranque de la novela ya encontramos el alma misma de la historia, esa eterna confrontación, esa imagen simétricamente contraria reflejada en el espejo, esa atracción entre opuestos –y, por ello mismo, complementarios– que encontramos siempre detrás de esa primera chispa que habrá de convertirse en una historia de amor; en un viaje que sabemos donde comienza pero jamás dónde termina. Y a partir del primer capítulo, comenzamos a viajar junto a ellos dos.

La vida da muchas vueltas. Es una auténtica noria donde nada ni nadie nos asegura que estando hoy arriba no lleguemos, en algún momento, a estar abajo. Y viceversa. La impermanencia de la vida, la impermanencia de los sentimientos, la impermanencia de las cosas. Y el misterio que encierra esa emoción a la que llamamos amor, más la complejidad añadida debido a una enorme diferencia cultural. Y, no obstante, la terquedad del amor –a pesar del dolor que provoca–.

El amor, el paso del tiempo, el derecho a amar y a ser amados

Ésta es una historia de amor y por tanto nos habla de fragilidades, de emociones contradictorias, de ternuras y de malentendidos, del miedo a la soledad y de la necesidad de estar vivos, de sentirnos vivos; y necesarios, e imprescindibles en la vida del otro, de ser irremplazables. Pero también de nuestra necesidad de libertad, de sentirnos superiores, de nuestro orgullo como individuos y, al mismo tiempo, de que nos sea reconocida nuestra fragilidad por el ser amado, se nos reconozca el derecho a las caricias y a los afectos. Lo dicho: contradicciones. Lo dicho: una novela sobre el amor. Lo dicho: una novela que habla de seres humanos.

 

 

El novio chino, novela de María Tena

 

Estamos también ante una historia de superación, de huída del pasado, de resistencia, de carrera de obstáculos. María Tena sabe hablarnos de la vida y del amor, y sabe hacerlo con maestría desde la sencillez del leguaje; sin ambages nos traduce las complejidades del alma humana, las trampas de la vida. Trata con ternura a sus personajes, los describe tal y como son, los acepta, comprende sus inseguridades, sus contradicciones, sus ambigüedades, sus imperfecciones…, su humanidad. Porque describirlos a ellos es describirnos a todos nosotros. Y María nos impacta con ese estilo tan suyo, tan limpio, tan sencillo, tan directo, nada ampuloso; disparándonos, a veces, balas de melancolía, frases cortas, directas al corazón: “Todo este tiempo y todavía.” Descripciones certeras: (refiriéndose a las calles de Shanghái) “Aquí el perfil metálico del futuro convive con los harapos del pasado.”

María Tena quizás sea una poetisa sin ella sospecharlo. En esta novela nos lleva desde el pensamiento de los personajes a las descripciones de una ciudad de la China del siglo XXI como si de una montaña rusa se tratara, en un sube y baja de emociones, de historias, de aparentes incoherencias y lo hace con la soltura y la dulzura de una poetisa. Rozando, a veces, la prosa poética. La ciudad respira como un organismo pluricelular, semejante a los individuos que la habitan, de los cuales los protagonistas de la novela son un ejemplo. Todos, personajes y país, están hechos de jirones, de recuerdos, de esperanzas, de fragilidades, problemas sin resolver, opuestos que no tienen otra opción que convivir y vivir en medio de sus hostilidades y ternuras, de sus contrasentidos y cierto sentido del humor que los salva.

 

María Tena
María Tena en Málaga (foto de Javier Albiñana)

 

Amistades y amores, unos interesados, superficiales y falsos. Otros sinceros, ciertos y cercanos. Relaciones que transforman a los personajes, que los vapulean y los hacen madurar. Y en este parque de atracciones, en esta gran Exposición Universal de 2010 que se celebra en la ciudad de Shanghái, en este espacio-tiempo en el que se desarrolla la historia, en esta gran puesta en escena, se desenvuelven Bruno y John, subiendo y bajando en el interior de la gran montaña rusa emocional, con ese vértigo en los estómagos que provoca el miedo a la soledad, con ese dolor lacerando las heridas que ambos traen en sus vidas. Pero todos sabemos que una Exposición Universal tiene una duración determinada. Todos sabemos que los decorados son de cartón piedra y que sólo sirven para enmarcar una historia, un periodo, el drama que se desarrolla sobre el escenario. Las montañas rusas aminoran su marcha; las exposiciones se clausuran; los teatros apagan sus luces y las vidas cambian. Nada es para siempre.

Y, sin embargo, vivir con pasión e intensidad es lo que da sentido a nuestras vidas, a las ciudades, a sus gentes. Y María lo sabe. Por eso su mirada la dirige siempre al alma de las cosas. Por eso ella sabe darle belleza al dolor y ve luz en la oscuridad. Y todo eso nos lo muestra en El novio chino. Por eso esta novela, que nos habla del amor, nos enamora a su vez y, una vez iniciado el viaje, ya desde las primeras líneas del libro, no podemos evitar deslizarnos con suavidad a través de sus páginas. Descubriendo el alma de sus personajes nos descubrimos a nosotros mismos. Y nos reafirmamos en la belleza de lo efímero.

 

EL NOVIO CHINO. María Tena. Premio Málaga de Novela 2016. Fundación José Manuel Lara

 

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