El prestigio de la oscuridad, de Alejandro Tarantino

 

Reflexiones ad hoc sobre la oscuridad

Venimos con fantasmas en la lengua, en cálido desierto y exclusivo. Golpea el fin del mundo la esquina rota de la melancolía, un planeta que nace y se destruye cuando vencido el estertor del miedo… Como va cada golpe en otro gesto, en los gestos de quienes acompañan en la ruina, algún confín osando imaginar. Luego viene la muerte, tan distinta y tan siempre. El golpe va infinito en lo infinito. Finito en lo finito. La lengua se teme y no equipara a nadie, a nadie llama, no ocurre nada. El derecho de no haber sido jamás.

Carmen Isasi

El pensamiento. A cada instante, la piedad, la ternura contra la destrucción. El vacío del ocaso en que somos hundidos, como en un pozo, sin historia, sin tiempo frente a la proporción de nuestra desnudez. La luz es solo imagen, onda de lo imposible a lo imposible, cuerpo de lo posible en lo imposible. Al regreso va el vientre, en el ingreso el agua umbilical. El cuerpo del océano que anega el mundo en antes sin después, religaremos nuestras hebras a lo innato.

Solo la palabra en la escritura. La lengua en la grafía, el orden pleno y lleno de la cuenta ata más a lo que provocó su inicio. Hemos confundido las palabras, las letras, vamos mintiendo cuando recordamos, recordamos cuando nos mentimos. Haber nacido no es menos que viento y piedra, pero tampoco es más. ¿Quién muere? ¿Dónde estar? ¿A dónde te escondiste? Salí tras de ti clamando y eras ido. Hay que ponerle pruebas al infinito para ver si resiste. Pero estamos, ligados: una imagen, un doble, un vivir otro, un vivir en otro.

Van conjuros. Las palabras, el riesgo que despliegue el pliegue desplegado. El cuerpo de la ruina vencida y vencedora como una proyección hacia el futuro. El pliegue que se abre. El pliegue que se cierre contra el acantilado: Prometeo encadenado, en nuevo Frankenstein, el sueño de la gravedad eterna arriesgada en el cuerpo, sostenida en el cuerpo, demolida en el cuerpo. Ya no recuerdo nada, la ‘tradizione ermética’ me ha devuelto al cosmos y su intemperie.

¿Quién, atónito y desasosegado, no ha sentido la estatura de la ausencia prolongándose en lo que no tiene nombre? ¿Quién, atónita y desasosegada, no ha sentido la estatura de la ausencia prolongándose…? El cuerpo que rueda por la pendiente ignora el para qué, busca su fin desnudo, sueña un por qué, pero dónde si el peso de lo terrible, la gravedad nos lastra. Qué vida no busca lo perdido, qué corazón no encuentra el lugar del vacío para soñar su duelo y hacer vida en la pérdida…

Carmen Isasi

La lenta constelación de sombra niega el tiempo de la historia, el devenir del cuerpo. En la materia oscura. Escondidos sentimos el golpe del amor como el vacío más lleno. El universo crece y decrece, explota. Orfeo reconoce su misterio en el llanto, en el cuerpo abandonado del fantasma, en el fin, final, confín, sin fin. Peregrino del canto, ¿dónde cantas sin voz? Cuando ya no exista un centro sino vacío. Porque no atravesaremos jamás la soledad en la que comprendemos la lejanía de los otros. Porque no atravesaremos jamás la soledad en que comprendemos el vacío de los otros. La ceniza el tiempo posa, el tiempo pasa, pesa. Sorpresa de la estrella que se inmola, la muerte por la luz. Escribir es dejar sin alimento.

Antes de los idus de marzo, lo necesario sueña con el futuro en el alfabeto, la soledad del llanto, del orgasmo en la verdad del cuerpo, el sueño del amor. El amor nos descubre nuestros vértices, hambres de desamparo. El horror frente al arte, el arte frente al terror para recuperar la belleza extrema. Longino. Cirlot. Quignard. La palabra se extiende en su horizonte. Desea en el hueco de su propia ausencia. Es vigilia la luz, claridad de los ciegos. La luz no está en la luz, está en las cosas. La falta unida a lo que nadie puede dar.

 

Ana Gorría, en la presentación del libro El prestigio de la oscuridad de Alejandro Tarantino (Editorial Devenir).

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