Maternidad subrogada y sexismo 2.0

Un mal ejemplo para la juventud

Es sabido que en ciertos países del centro y norte de Europa, donde el respeto por las normas de tráfico es considerable, si un viandante cruza la calle con el semáforo en rojo, algún conciudadano podría reprenderle diciéndole: “¿Pero no ve usted que hay niños?”. Es decir, que lo grave de la infracción, aparte del peligro de accidente, es el mal ejemplo que supone para los ojos infantiles, el que los niños vean como algo normal despreciar las normas de convivencia…

Estos días, el debate en torno a la maternidad subrogada me ha hecho pensar en una escena similar. La cuestión de los vientres de alquiler es ahora mismo la más candente, pero yo la veo relacionada con otras como la normalización de la prostitución o a la dignificación del porno, por ejemplo. Se trata de un conjunto de tendencias muy actuales que he dado en llamar sexismo 2.0, pues no es más que la vieja mercantilización de cuerpo de la mujer pero presentada ahora como algo asumido y cool, propio de la libertad individual; e incluso defendido como algo feminista y empowering.

maternidad subrogada

En la escena que yo he imaginado hay dos niños, chico y chica, teniendo con sus padres la típica conversación sobre lo que serán de mayores. Por supuesto, los padres les dirán que tanto el uno como la otra, si estudian mucho y sacan buenas notas, podrán ser médicos, diseñadores, ingenieros, informáticos… O bien, si reúnen las condiciones físicas necesarias, ambos podrían ser deportistas, policías, bomberos o soldados… Véase lo diferente que es esta conversación de una similar mantenida hace 4 o 5 décadas. Y esta respuesta es posible hoy gracias a una evolución muy positiva de la sociedad, la cual se ha logrado a costa de considerable esfuerzo y maduración colectiva.

Pero… perdón, ¡disculpe el lector! Nos olvidábamos de que ahora, o muy próximamente, gracias a esta moda del feminismo al revés, tendremos que informar a esos niños de otra importante opción, en este caso solo para la niña. Esa niña, gracias a su sexo (de ahí que hablemos propiamente de sexismo), tendrá también la oportunidad de ganarse la vida vendiendo o alquilando sus órganos reproductores, bien para el disfrute sexual directo del cliente, bien para un disfrute indirecto gracias a la venta de imágenes o vídeo, o bien para su uso como incubadora humana capaz de gestar los hijos del cliente. Como vemos, ningún órgano sexual externo o interno de la mujer quedará desaprovechado para su rentabilización económica. Y ninguna funcionalidad de su sexo dejará de ser utilizada, previo pago, por una clientela preferentemente adinerada, eso sí.

Sin duda todos somos sensibles a la dolorosa frustración de los padres vocacionales con dificultades para llegar serlo. Así como entendemos la satisfacción que debe proporcionarle a la prostituta voluntaria o a la actriz porno el empoderarse con la exhibición y alquiler de su sexualidad… Pero aquí la cuestión es: ¿qué mensaje estamos lanzando a las nuevas generaciones con la normalización de los vientres de alquiler (y demás temas de mercantilización sexual)? ¿Es un mensaje de igualdad entre hombre y mujer? ¿Mostramos con eso una consideración del ser humano como fin, y nunca su utilización como medio?

Recientemente se ha acordado en España un Pacto de Estado contra la violencia de género, en el que se plantea que el machismo hay que “prevenirlo en todas las etapas educativas”. Pero, ¿realmente es luchar contra el machismo decirle a una niña que en el fondo sacar buenas o malas notas no es tan grave, pues, al contrario que su hermano, ella podrá hacer dinero simplemente con sus características sexuales diferenciales? Está claro que así no inculcamos a esa niña el esfuerzo por alcanzar la excelencia, por desarrollarse como persona y de manera igualitaria; sino más bien la idea de sacar partido del hecho de ser mujer, mientras haya hombres (y ahora ya familias) dispuestos a pagar por el uso de sus órganos femeninos.

Es un juego muy peligroso proponer estas salidas ‘laborales’ sexistas y retrógradas para la mujer en un país que está aún lejos de haber culminado la lucha por la igualdad, y que tiene un elevadísimo paro juvenil y amplias capas de la población muy pobremente formadas. No son de ayuda, por tanto, razonamientos tan insuficientes, como que “en algunos países ya se hace”, u otros del tipo “que las mujeres hagan con su cuerpo lo que quieran” o “qué más da, si en el fondo ya todos nos vendemos”. Es preciso tomar más en serio el mensaje que tendencias sociales como estas lanzan a las nuevas generaciones, y considerar, por tanto, hacia dónde nos vamos encaminando como sociedad.

Porque entre alquilar el útero de una persona (con todas las transformaciones que se operan en su cuerpo) durante nueve meses; y comprar su sangre para transfusiones o directamente comprarle un riñón, hay ya solo una fina línea. Y una vez que se haya instaurado como normal la completa mercantilización del cuerpo y su uso como instrumento, faltará tiempo para regular también esos otros temas, porque “en tal país ya se hace” o porque “cada uno que haga con su cuerpo lo que quiera”…

Sangre de mi sangre

En uno de esos encarnizados debates que tienen lugar en Facebook, una defensora de la maternidad subrogada decía literalmente: “La gestante solo ofrece su útero, y el alimento que le dará ese tiempo de gestación. Los padres ya dan sus células, y el propio niño hace su propia sangre a partir de la condición genética, no de la gestante, sino la de los progenitores, es decir los genes de sus padres. Que no los de la gestante ni la sangre de ella. Ya que, como bien he dicho el bebé hace su propia sangre”.

Es muy llamativa la insistencia en que el niño no recibe nada de la gestante, sino que hace su propia sangre con los genes de los padres exclusivamente. Se ve que para esta mujer (que defendía la subrogación debido a que ella misma deseaba resolver así su propia maternidad problemática) era de la mayor importancia que el niño fuera genéticamente suyo, de su misma sangre o, como suele decirse, que fuera ‘sangre de mi sangre’…

¿Acaso es esta la clave del asunto, en definitiva? A ver si lo que se está planteando con la maternidad subrogada es que las clases adineradas puedan alquilar el cuerpo de otra persona, para usarla como incubadora, con el objetivo de que el niño sea ‘de nuestra propia sangre’, limpio genética y racialmente…

Porque resulta que hay millones de niños huérfanos o desprotegidos, muriendo de hambre o violencia en los cuatro puntos cardinales. Y lo realmente solidario sería recibir a esos niños en adopción, lo cual los salvaría de una vida horrible, o incluso de la muerte. Pero claro, esos no son ‘de nuestra sangre’; acaso son de otros colores o razas, de genes ajenos en definitiva.

Además de representar, como hemos visto, un retroceso en dirección al sexismo y a la desigualdad; así como un salto adelante en la mercantilización del ser humano…; se trata también de una evolución mezquina e insolidaria en relación con los muchísimos niños necesitados, incluso con un regusto racista. Dicen sin embargo que las encuestas son favorables a la subrogación… ¿No somos conscientes de lo que implica, o simplemente hemos alcanzado una indiferencia cívica total, salvo para aquellos temas que puedan afectar a nuestro propio bolsillo?

 

(Este artículo apareció originalmente en diario16.com, en este enlace)

 

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