‘El exilio está aquí’ por César Galiano

El exilio está aquí, por César GalianoPoco más de un año antes de morir, a los 50 años de edad, César Galiano escribió: “La editorial Pepitas de Calabaza ha reeditado el que considero mi mejor libro. La verdad es que le tengo cariño y me consta que mucha gente se ve reflejada en alguna de sus situaciones. Es una historia a pie de calle, real, contundente, pero no por ello carente de cierto romanticismo.” Estas palabras pueden bien definir este pequeño libro sencillo y al tiempo conmovedor, escrito -según el editor- “con la energía que dispone la observación sin condescendencias.”

El libro apareció originalmente en 2001 y es el primero que publicó Galiano, tras una juventud ajetreada y con muy variopintas ocupaciones, entre las que destaca su trabajo de guionista de cómic en Makoki, El Vívora o El Jueves. Durante los 10 años siguientes desarrolló una intensa actividad narrativa, especialmente centrada en temas como el anarquismo, la revolución española, y también en sus propias experiencias y en las de su generación. Para una breve autobiografía y bibliografía de Galiano, ver esta página.

Pero en este su primer libro, Galiano no se atuvo a más tema que la realidad que lo rodeaba, que era objeto de su observación afectiva y a la vez desencantada. El resultado, un conjunto de estampas urbanas, cotidianas, realistas, en tono melancólico y que avanzan suavemente desde el suceso y el detalle hacia una desvelación más profunda.

Un buen número de personajes se van sucediendo -a veces repitiendo- a lo largo de las tres ‘jornadas’ en que se divide el libro: emigrantes -tanto españoles como llegados a España-, trabajadores, comerciantes, okupas, policías, drogadictos, hampones, traficantes, niños y jóvenes, ancianos… Como en los buzones que ilustran la excelente edición de pepitas, vemos coexistir esas vidas unas junto a otras, a veces entrechocando, muchas veces insensibles a las demás. Y entre todas van dibujando un panorama de este exilio -exilio de nosotros mismos, de lo que podríamos ser…-, en que se ha convertido, según nos transmite el autor, nuestra vida diaria.

Una visión social donde no hay demasiado espacio para el optimismo y sí mucho para la monotonía de la vida, para el miedo, la injusticia, la hipocresía, la pobreza y el racismo. También para el conformismo, el autoengaño, la falsa caridad tranquilizadora…

El libro logra sus objetivos (literarios, políticos…), sin perder su impacto y su atractivo como narración, conduciendo al lector a través de personajes y situaciones reconocibles, que traen el sentimiento melancólico propio de nuestra maltrecha forma de vida. Los fragmentos tienen una belleza tranquila, que a veces se intensifica en líneas más contundentes:

“… los pretendidos clientes tienen sus caras surcadas por cicatrices. Son negros y blancos que llevan anillos de oro en los dedos y fuego en los ojos.”

o también:

“Lejos de ese lugar lejano hay espacios con árboles altos que dan sombra donde nadie pasea. Allí no llegan los transportes públicos ni el ruido de las obras, los vehículos se deslizan sobre calzadas de nuevo asfalto y las personas casi no se dejan ver: si caminan, no se apartan; si se les planta cara, no entienden.”

En el debe, es necesario anotar un cierto tono demasiado explícito que a veces deja de lado la literatura y pone bien a las claras las intenciones del autor:

“La justicia no es gratis, el alcalde promete y no cumple y la carnicera falsea el peso que le han robado al venderle la carne. El cura miente, los de arriba se reparten el fruto de los de abajo y los de abajo venden el alma para llegar hasta arriba. La cultura es un lujo, los obreros se han vuelto burgueses, nadie es inocente…”

A pesar de todo queda el regusto de que Galiano ha dado en el clavo: en este exilio de nosotros mismos al que nos condenamos, cada uno tiene su mayor o menor cuota de culpa y nadie puede con más razón reivindicar para sí mismo el limpio papel de víctima.

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4 comentarios

  1. Mar Sarto 14/01/2014 Responder

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