
Ya hemos comprendido que lo que nos rodea puede ser real y sin embargo no verdadero... sino elaboración humana, en el mejor de los casos artificial; en el peor, tramposa.
Soñar, razonar, hurgar por todos los medios en esa costra de purpurina y llegar al otro lado... A esto nos incitan tres convocatorias que estos días despliegan por Madrid su radicalidad contagiosa.