Dans le Café La Gitane

Paris-Café-19224El tipo que tengo sentado enfrente habla de “artistes”, dice “literature”. Son las únicas palabras que alcanza a distinguir mi precario francés. Suele venir cada mañana al café. Durante tres horas toma nota de unos libros que consulta con aire profesional. Me desconcentra que hable por teléfono, no me deja pasar de esta última frase: “acabar con los Octavio Paz de turno”. Ahora dice “article”. Miro al otro integrante de este café de Jourdain. Él sí trae un ordenador. No aparta los ojos de la pantalla. Con las palmas de las manos se estira las mejillas hacia atrás. A veces sonríe o lanza alguna interjección, son los ecos de su pelea con las palabras.

En París miro a la gente. Observo a las mujeres de más de veinte años y menos de cuarenta. A todas. Caminan sin cesar y enseñan las piernas. Se sientan en las terrazas, cruzan las piernas y beben vino o agua Perrier. Observo a los hombres de más de veintisiete y menos de treintaiocho. Se reúnen en petit comité. Llevan barba y difieren sobre aspectos recónditos del jazz (sin aspavientos, como si sólo se tratara de hablar). En París la gente en la que me fijo tiene modales y opiniones sobre las cosas más banales: el sonido de las ruedas de un auto sobre un charco, el sabor de la salsa para la ensalada.

A mis compañeros de café todo esto les suena a tópico. Yo les digo que dejen de leer a Benedict Anderson. Que salgan de ese mundo suyo que es como un quirófano y huele a formol o a algo parecido al formol. Que se dediquen al voyeurismo. Por la calle cruza un viejo con una camiseta sin mangas. Parece un pordiosero. En el hombro derecho tiene tatuada una añeja estrella de David y un número debajo. Mis compañeros han vuelto al estudio. Reflexionan, leen, escriben. El viejo se sienta a mi lado. Puedo sentir su olor. Ahora se incorpora levemente hasta que sus labios rozan mis oídos. “Te aseguro que este camino que habéis elegido es uno de los más rápidos hacia la estupidez”, me susurra, mientras con un rápido movimiento de su mano señala a los tres asiduos del café.

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