Diario de La Habana. 3 de septiembre de 2011

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAyer incumplí mi promesa de publicar cada día una entrada en este diario. No tengo una conexión en casa ni dispongo de un acceso cercano, así que detrás de lo que leen aquí siempre se oculta una pequeña aventura cotidiana. Ayer, por primera vez, fracasé en ella. Este considerable esfuerzo hace que me pregunte si no traiciono ese otro cometido del desapego que llamé “no tener nada que decir” (léase entrada número 1), que también se contradice con el propio diario como un texto que, a fin de cuentas, está escrito con un sentido. Quizás no me quede más remedio que reconocer mis aspiraciones a eso tan contemporáneo de ficcionalizar mi vida o, lo que es igual, convertirme en protagonista de lo que sea, aunque se trate de lo que yo mismo escribo.

Tengo que aclarar que si ayer no me conecté fue porque me dio pereza invertir tiempo en lo que había escrito. Acababa de ver Inside Job y no pude evitar el tema político, con el que aflora alguien sin asomo de dudas, seducido por la idea de un mundo sin conflictos. Algo que, además de acercarme a una cierta depresión, me sitúa en el lugar opuesto al que pretendo con este diario.

Hoy fuimos hasta Viñales. El viaje se me hizo más largo que nunca. Han debido alejarlo.

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