Diario de La Habana. 5 de septiembre de 2011

IMG_2266He vuelto a la televisión. Es una película japonesa en blanco y negro sobre artes marciales. No parece de Kurosawa. Uno de los personajes, herido por una cuestión de honor, le dice a su maestro que le ordene morir, a lo que el maestro se niega. Acto seguido el discípulo se levanta y se arroja desde la ventana  a una charca de desechos que hay bajo el dojo, donde permanece agarrado a un tronco. A la mañana siguiente contempla, con la salida del sol, cómo se abren las flores de loto, ante lo que grita ¡sensei!, ¡sensei! y concluye su penitencia.

La violencia con la que se desempeñan en el judo desata un nuevo conflicto. Uno de los discípulos fue demasiado rudo con otro, que yace accidentado sobre el tatami. El sensei le reprende por su comportamiento y le desafía a que se bata con él, algo que éste rechaza. Así muestra su cobardía.

Hay un problema entre las escuelas de jiu-jitsu de Tokio, que se retan entre sí. Son pequeños clanes que luchan por el honor de su nombre. Conocedores de la enemistad, los niños cantan “Cuidado con el que desafíe a Sugata Sanshiro”, al pasar frente a la casa de su rival Murai Hansuke.

Sugata Sanshiro se entrena con dureza. De su combate con Murai Hansuke depende la primacía de la escuela Shudokan sobre el jiu-jitsu de todo el Japón. La bella Sayo, hija del sensei Hansuke, llora deconsolada ante su padre. En la mano sostiene una daga con la que forcejea para hacerse sepuku. Su amor le pertenece a Sanshiro pero su honor de Hansuke debe prevalecer. Cada mañana aparece por las escaleras de la colina donde Sugata Sanshiro acude a ejercitarse. Sanshiro sube y baja los mil peldaños calzado con zuecos de madera.

El combate se celebra en un pabellón atestado de jóvenes silenciosos vestidos de negro. Bajo el palio presidencial se destacan algunas figuras militares, además de los más importantes senseis de jiu-jitsu. Hansuke viste un kimono de riguroso negro, Sanshiro aparece con otro de un blanco luminoso. Luchan honorablemente hasta que Sugata Sanshiro, con un limpio hipón sionague, voltea a Murai Hansuke, que se resiste a la derrota. En el momento en que, maltrecho, logra ponerse en pie tras su segunda caída, en los ojos de Sugata Sanshiro se adivina su sufrimiento ante la victoria. Tras una última llave el adorado rival se desploma fatalmente.

Y así, al borde de la muerte infligida por Sanshiro, Murai Hansuke otorga la mano de Sayo a su amado enemigo, que logra unificar las escuelas de jiu-jitsu del Japón.

Share

Haz tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

code