El quinto día

¿Cómo se describe el tedio? con Grizzly Bear sonando a todo volumen en los cascos. Y sin nada que decir, que es el estado natural del tedio.

A las 15.43 del quinto día, o sea, ayer a las 15.43 tomé conciencia: para vivir hace falta una historia, visualizar la historia de nuestra vida mientras la vivimos. Como si también fuera cosa de otro. Eso, con altibajos, era lo que me había empezado a ocurrir en las últimas dos semanas. Antes no. Pero hubo un momento, hace cinco días, en que el flujo del ensueño cesó de nuevo.

Un instante cercano a la muerte lo devolvió todo a la cruda realidad. Camino de Filadelfia dormía en las filas delanteras del autobús cuando un trozo de hielo se desprendió de un puente sobre la I-95. El impacto hizo estallar la luna delantera del vehículo y me arrebató con violencia de los brazos de morfeo.

Ya no pude volver a dormir.

Camino por estas calles en cuadrícula por las que es imposible avanzar. Me cruzo con espectros animados apenas por una llamita de vida. Ya son cinco días despierto en los que todo se llena, sin embargo, de espejismos. Sombras suspendidas en la espesura del tedio, en este tiempo de la espera que es la vida sin historia. Y también recuerdo, lejanamente, los cuatro años de servidumbre, aquellos cuatro años en los que resistí, insomne, en Filadelfia.

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