El visionario Lam Chuen Pin

Los hechos, según la prensa: 450 chinos viven y trabajan en talleres clandestinos de Mataró. Reciben 20 euros por jornadas de más de 12 horas. Hacinados y en la oscuridad, confeccionan las prendas de las firmas textiles españolas en cuyos anuncios aparecen modelos sonrientes que corren por playas vírgenes. Esos mismos anuncios impiden que ningún medio nacional mencione de qué empresas se trata. La policía autónoma catalana cree haber intervenido en favor de los trabajadores mediante una operación que ha terminado con el cierre de 72 fábricas de confección y la detención transitoria de 77 empresarios.

Lam Chuen Pin es el presidente de la Federación de empresarios chinos, la cara visible, muy a su pesar, de esa gente silenciosa, con la mirada fija en el sol y un pitillo entre los dientes. Ha leído los cuentos orientales de Borges y ha estudiado la obra de Michel Foucault, así que declara con malicia oriental su relativismo: “No podemos verlo desde un punto de vista europeo. En China, estos trabajadores cobrarían 50 euros al mes”. Para Chuen Pin todo depende de cómo se mire la botella: para el trabajador chino está medio llena, para el bo-bo* europeo, medio vacía (lo que no evita que cada temporada renueve su ropero en Inditex).

La declaración del jefe de la patronal china se realiza en medio de una concentración de empresarios del textil ante la sede del Departamento de Interior de la Generalitat. Protestan por la redada y sus consecuencias. Los empleados están contentos, alegan, y algunos de estos empleados les dan la  razón: en China estaban mucho peor, dónde va a parar. A Chuen Pin le acompaña Alejandro Goñi, representante de la Asociación de pequeñas y medianas empresas catalanas, la Pimec. La patronal catalana se solidariza con sus afiliados de la región de Zhejiang, con quienes hoy les une el interés por recuperar la “buena imagen” del empresariado chino. Los patronos aceptan el supuesto inicial: sus trabajadores cosen más de doce horas al día en lugares insalubres, no tienen días libres ni contrato, duermen en jergones en la propia fábrica y cobran 20 euros diarios. Desde el amanerado “punto de vista europeo” sorprende que tras esta declaración el empresariado chino pretenda mantener la “buena imagen” que existía antes de la criminalización a la que, según su opinión, ha sido sometido por la policía y la prensa.

Como Alejandro Goñi acude a la protesta de solidaridad con Chuen Pin y no se le conocen comentarios en los que cuestione las palabras del visionario, quizás es que no se sienta demasiado incómodo en medio del relativismo oriental. O posiblemente a Goñi le muevan las razones puramente técnicas del marketing estratégico, esa ciencia regada de palabras como “competitividad”, “nichos de mercado”, “capacidad de penetración en mercados emergentes” o “posicionamiento global”. Y sabe, desde antes de haber leído a Roberto Saviano, que en el sur de Italia la maquila no descansa, que por eso los Armani, los Gucci y los Benetton han llegado a ser lo que son.

El textil catalán, además de elevar las condiciones de vida de los trabajadores chinos, se situará como una referencia mundial del corte y confección si se respetan las diferencias culturales ahora pisoteadas por los Mossos d´Esquadra. Lam Chuen Pin marca el camino, que otros se apliquen el cuento.

 
*Término acuñado en Francia como diminutivo de bourgeois bohemian.

Share

Haz tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

code