En busca del fuego

Hace unos días La 2 programaba uno de esos documentales sobre el origen del hombre en los que aparece Arsuaga y habla de los hallazgos de Atapuerca. Han encontrado huesos de homínidos con más de 800.000 años de antigüedad. Las explicaciones científicas se completaban con recreaciones de la vida cotidiana de aquellos seres. Entonces unos actores con pelucas mugrientas, trajes de pieles y caminar encorvado se esforzaban en partir árboles con piedras afiladas o arrojar rudimentarias lanzas sobre los inevitables mamuts. Y todo se les daba fatal en medio de gestos asustadizos, caras de pena y ademanes de cansancio, como si aquellos hombres de antes del tiempo arrastraran con pesar el enorme fardo de la supervivencia.

Los realizadores del documental nos muestran a un homo antecessor desamparado, colocado por error en un tiempo anterior a este nuestro, que es el lugar natural del hombre. Un azar fatal se encarnizó con nuestros abuelos de la edad del hielo, que vivían lamentándose en medio de una naturaleza hostil, extraños a ella, temerosos como lo estaría cualquiera de nosotros si nos abandonaran en la fría estepa repleta de lobos.

Y ayer leí esto en una novelita de César Aira:

“Cuando se habla de astronomía no falta alguna referencia a los primitivos. En otras disciplinas también, pero con la astronomía se encarnizan. Si las tomáramos en serio, habría que creer que los primitivos se hicieron las ideas más ridículas sobre los movimientos de los astros en particular y sobre la naturaleza en general. La máxima y suprema: creer que cuando el Sol se ponía a la tarde ya no iba a volver a salir nunca más. Yo sostengo, con una convicción que me viene de lo más profundo, que eso es falso: no hay primitivos, no hay salvajes, o en todo caso, si queremos darle ese nombre a civilizaciones distintas de la nuestra, no tenemos ningún derecho a suponerles menos inteligencia que la que nos arrogamos. Estúpidos, crédulos, ignorantes, siempre hubo, y no faltan entre nosotros. Pero una cultura, así sea la de unos indios desnudos en la selva, tiene y tuvo siempre todo el saber que tuvo y tendrá cualquier otra. En eso soy irreductible y militante.” (Cumpleaños, p. 50)

¡Qué antiguos y qué sabios eran aquellos hombres que comían raíces, destripaban mamuts con las manos y esperaban a que cayera un rayo para calentarse con el fuego!

Share

Haz tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

code