Jacinto Antón: “La verdad así, pura y dura, es un poco decepcionante”

IMG_31901Jefe de cultura de la edición de Barcelona de El País y una de sus firmas más respetadas, Jacinto Antón parece habitar en alguna dimensión de la aventura en riesgo de extinción. En 2009 recibió el Premio nacional de periodismo cultural (España), pero ni los reconocimientos, ni los libros (acaba de publicar con RBA Héroes, aventuras y cobardes), ni poseer una de las plumas más poderosas del periodismo actual han logrado sacarle de sus obsesiones y convertirle en un personaje público. A Puerto Rico acude invitado por el “Festival de la palabra“. Prefiere, sin embargo, irse de cacería con el cónsul español (“tiro a las ramas, al aire, a no dar”), visitar museos o fotografiar pájaros y lagartos mientras explora los rincones del viejo San Juan. Antes de la entrevista paseamos por la ancha playa de Ocean Park. No ha dejado de sorprenderse con cualquier detalle ni de tomar nota (su letra es ilegible) en un cuaderno de pastas negras y aire viajero.

P: ¿Cómo son tus primeros pasos en el periodismo, qué te lleva a una redacción?

Yo te diría que fue la casualidad. De hecho, estudié teatro. Soy licenciado en arte dramático por el Instituto de Teatro de Barcelona, donde en esa época tuve de profesores a Luis Pascual, Fabio Puigcervé, Albert Boadella… toda la crema de la profesión artística teatral catalana que luego se fue difundiendo. Era un momento de mucha efervescencia. Yo empecé en el 77, hacía poco que había muerto Franco y era el principio de la democracia, la lucha por la amnistía general… una época muy progresista y muy bonita en Barcelona, en la que había muchas salas alternativas, aunque en aquel momento no tenían ese nombre. Era un mundo muy excitante y yo tuve la suerte de entrar en esa escuela, que era una escuela muy exclusiva, no por dinero, sino por selección, porque no pagabas un duro, pero la selección era brutal.

P: ¿Ahí empezaba la Fura, no?

Más tarde, la Fura [La Fura dels Baus] comenzó más tarde. En esa época había gente conmigo como Lluis Omar o Tricicle, que por entonces estaban estudiando pantomima en el instituto. Y paralelamente estudiaba periodismo en la universidad más por hacer una carrera que porque tuviera muy claro que quisiera dedicarme al periodismo. Cuando acabé los estudios de teatro estuve trabando con  Luis Pascual de ayudante de dirección en un par de montajes en el Teatre Lliure y parecía que iba por allí el camino, pero entonces me fui a hacer el servicio militar y me cayó una de las aventuras gratuitas más grandes que he tenido en la vida, que fue que participé en el golpe de estado, en el 23 F.

 P: Es cierto, recuerdo que tienes escrito  algún artículo muy bonito sobre ese episodio.

Sí, es la casualidad, son de esas cosas que te tocan de repente, y además del lado de los malos, porque yo estaba en la división acorazada, en el cuartel general, y era de los policías militares que al mando de Pardo Zancada nos metimos y pasamos la noche en el congreso. La cuestión es que cuando volví del servicio militar no veía claro lo del teatro, me había separado mucho del tema, y entonces acabé la carrera de periodismo sin saber muy bien qué hacer ni a dónde dirigirme. Entonces una compañera de la carrera que estaba trabajando en El País me ofreció  hacer una sustitución de verano que hice sin ningún entusiasmo, pero me quedé allí dentro y entonces me empezaron a encargar algunos artículos y todo se fue precipitando: me pidieron que siguiera, me contrataron. Así que terminé la carrera, soy periodista, pero nunca me lo planteé en plan “voy a ser periodista”. Lo que sí decidí fue que el día que me aburriera lo dejaría y probaría con otra cosa, y desde entonces llevo 30 años pasándomelo muy bien.

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