La Habana. Diario fotográfico (y sentimental). Día 9. Fotografía.

IMG_2916Fotografía: Salgo con mi camarita para hacer unas fotos a los edificios de Centro Habana. La llevo guardada en el bolsillo porque me da vergüenza ir en plan safari. A veces me cruzo con turistas cargados de cámaras y teleobjetivos de última generación y me pregunto para qué los quieren.

La respuesta llegó ayer, cuando los centenares de pasajeros que nos agolpábamos en la 27 pasábamos frente al Capitolio para ser retratados sin descanso por estos Cartier Bressons de pacotilla:

-!!!Para esto era, eeehhh!!!-Estuve a punto de gritarles mientras esperaba una respuesta violenta del pasajero habitual. No se produjo.

Este es uno de los mejores edificios de Art Decó. El Solimar, de 1944. Está en la esquina de San Lázaro y Soledad.

IMG_2927Literatura: Me distraigo por San Lázaro y luego enfilo hacia Neptuno. Camino por la calle con la vista puesta en las casas. Veo esta que está por Lealtad y le hago unas fotos. Como todas las de la calle, en cada centímetro cuadrado tiene una cicatriz, ¿a que parece que está a punto de contarnos todas sus historias? Sigamos.

Sorteando hoyos y charcos me acerco a la librería Camilo Cienfuegos y le compro unos librines a mis sobris. La niña de la dependienta juega a hacer de librera. Echa la cuenta con un bolígrafo rosa y me llama “señor”: son 40 pesos (un dólar con quince centavos). Dos tipos sentados frente al mostrador hablan de Industriales y de ir al Latino más tarde. Uno de ellos me recomienda que compre la Odisea y me resume todo Homero. Que me la lleve -la Odisea- pero que es un poco aburrida, me advierte. Tiene razón.

IMG_2947De vuelta a la andadera me topo con este lugar del que cuelgan máquinas de escribir y teléfonos viejos. En la entrada  un diploma certifica que Leonardo Márquez Martínez pertenece a la “Kuba esperanto asocio”. Cuba es una potencia mundial del esperanto. Le pega.

Ritmo: La clave para pasar inadvertido es caminar al ritmo que marca la calle. Es una cuestión de swing, recuérdalo. Por Galiano la multitud que compra en peso cubano se convierte en la multitud que escucha salsa puertorriqueña a todo trapo. Aquí a cada paso se demuestra que la vitalidad es una variable inversamente proporcional a la comodidad. Pongan un buen sofa en cada casa y una tele con conexión a cable y esto se queda vacío. Exagero.

Ya cerca de la Habana Vieja veo que se han inventado una terracita para que los yumas se internen unos metritos en territorio comanche. Un crío baila una danza ridícula ante un par de canadienses con una falda hecha de palma y un machete en la mano. El niño Hatuey. Me quedo un rato para ver si se le escapa el machete y mata al canadiense gordo, pero nada.

IMG_2975Esta es la esquina de Zanja y Galiano, en pleno barrio chino. Aquí casi no quedan chinos, mezclados ya en el sancocho cubano. Lo que más ha perdurado son, cómo no, los restaurantes chinos. Se siguen llamando Li Chi Mon, Chi Cun Li y cosas por el estilo y su especialidad es el espaguettí a la napolitana y el pargo en todas sus variantes. Para que vean que lo del esperanto no era broma.

Share

Haz tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

code