Príncipes de Dinamarca

bond007jawsUn tipo se pasea con un coche en cuya matrícula pone 007. Llega al palacio de la reina literata danesa, aparca el coche donde le indican los chambelanes y se presenta con una acreditación que dice “Jefe de estado de la Madre tierra”. Comprueban su identificación y les parece suficiente para dejarlo entrar en la primera cámara de palacio; allí nuestro hombre saca una pancarta en la que se lee “Los líderes actúan, los políticos hablan”. Segundos después le retienen, esposan y conducen a una prisión donde permanece en régimen de aislamiento durante semanas.

Extraño proceder el de las majestades danesas. Si cualquiera atraviesa los portones de Christiansborg a los mandos del Aston Martin de Bond y aparece ante el servicio de seguridad palaciego como el Primer Ministro de la Pacha Mama le invitan amablemente al cóctel real, pero si luego despliega una pancarta tan meliflua como la de nuestro protagonista le imponen un castigo a lo ancient regime.

¡Qué poco humor se gasta la reina, tan rijosa como parecía con la gracia del espía! Y, sobre todo, ¡qué ignorancia sobre las artes contemporáneas, después de dárselas de intelectual! O no, quizás quiso contribuir a la performance, como cuando el papa excomulgó a Scorsese. Lo que alega la policía: falsificación de matrícula diplomática y suplantación de cargo público… ¡almas de Dios, pero es que os lo tragasteis sin sal!? A este paso el próximo Halloween puede terminar con toques de queda y campos de concentración improvisados.

La policía eslovaca propone un camino mucho más imaginativo para saldar cuentas. Secretamente introduce explosivos en las maletas de los viajeros aeroportuarios. Por ahora se preocupa de felicitarles más tarde por contribuir a la seguridad general y de sobreseerles de sus cargos por terrorismo internacional. El método está en periodo de prueba. Lo siguiente puede ser experimentar qué ocurre si no se intercede, cómo actúa la cadena de mando, los procedimientos de justicia, el personal carcelario, los análisis psicológicos y los interrogatorios por el bien de todos.

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