Saca al cíborg que hay en tí

3a6cee85-cfa4-4d7e-9086-4c7475b2cf48

La confirmación de su existencia saltó en abril de 2015, cuando en las Naciones Unidas se discutió sobre las implicaciones legales del uso de robots asesinos en conflictos bélicos, máquinas que podrán decidir sobre la vida de individuos y para las que ya existe, según Noel Sharkey, experto en Inteligencia Artificial de la Universidad de Sheffield, suficiente desarrollo tecnológico. Sharkey encabeza Stop Killers Robots, una plataforma internacional para la que hay un nuevo frente tras la reciente noticia de las investigaciones de DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency, perteneciente al Departamento de defensa de EEUU), para la creación de la primera interfaz neuronal que conectaría al cerebro de sus unidades-cíborg con computadoras.

Y es que cada día descubrimos nuevos avances que corroboran lo que afirmaba el genio de la inteligencia artificial interpretado por Oscar Isaac en Ex_Machina (A. Garland, 2015) que este año se llevó el Óscar a los Mejores Efectos Especiales: que en pocas décadas las máquinas nos mirarán con lástima. Y lo harán con la confianza de saberse organismos que no sufren miedo ni dolor, que no enferman, que son capaces de efectuar millones de cálculos en menos de un segundo, dispositivos resilientes que pueden actualizarse constantemente y comunicarse en un lenguaje de unos y ceros para el que nuestras preocupaciones resultarán minucias de la limitada condición humana.

La  distopía hace tiempo que está servida: ¿sobreviviremos a nuestra propia creación? Desde las unidades T-800 del modelo Cyberdyne 101 de The Terminator (J. Cameron, 1984) a la matriz de The Matrix (L y A. Wachowski, 1999), los cylons de Battlestar Galactica (R. Moore, 2004) o la Ava de Ex_Machina, en la lucha entre el hombre y la máquina, el ser humano lleva todas las de perder. Eso es al menos lo que defienden los que teorizan sobre la singularidad tecnológica, concepto que designa el momento en que la inteligencia artificial adquirirá la capacidad de automejorarse y rediseñarse sin intervención humana, algo que el inventor y visionario estadounidense Ray Kurzweil sitúa en el año 2045, fecha a partir de la que podríamos asistir al surgimiento de lógicas capaces de competir con nuestras bases morales y ontológicas.

La ciencia ficción gusta de antagonismos. Nos encanta la heroicidad de una guerra total contra el imperio de la máquina, como si algo íntimamente humano debiera rebelarse contra la amenaza de los corazones de metal. Pero, ¿y si el ser humano ya viviera en las tripas de la máquina? ¿Y si fuéramos máquinas, en un proceso de hibridación con ellas sin principio ni fin?

Preguntémonos si es la utilidad o el embelesamiento, si la ecuación racional de pros y contras o la estimulación de ciertas áreas de nuestro cerebro es lo que nos mantiene en continua conexión con la pantalla. Si la Ava de Ex_Machinalogra escapar de la casa de Isaac y extender su poder de androide a zonas habitadas no es por su frialdad algorítmica, sino por el erotismo que desprende, una atracción por la máquina que David Cronenberg ha explorado largamente en su cinematografía, de Videodrome a Exisenz o Crash, donde la elección que nos propone Morfeo sufriría un giro radical. Como Neos de pacotilla, nos arrojaríamos sobre la pastilla azul, rendidos a las trepidantes aventuras de algún avatar de videojuego o a las suaves líneas del iPhone: sigamos el Twitter de Miley Cyrus y participemos de su próxima revolución.

¿Acaso alguien duda de nuestra progresiva transformación en cíborgs? ¿De que nuestra miserable existencia apenas representa un mínimo dígito de la máquina global? Y es que, a la datificación de nuestras experiencias, se le suma un recorrido vital desmaterializado en las nubes de información, los silicon valleys donde se generan apps, los tránsitos de los objetos desde el carrito de la compra hasta la puerta de tu casa o los cálculos que deciden las operaciones más cotidianas. Die Mensch Maschine: la maquinización del ser humano, hace mucho que comenzó (recordemos al Chaplin de Tiempos modernos) y no deja de moldearnos.

Sigue leyendo en Revista Perro Verde

Haz tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

code