Sin negros no hay guaguancó

Sin negros no hay guaguancó”, eso lo cantan The Lebron Brothers, unos puertorriqueños con mucha salsa y negros como el tizón. Mientras suena la canción en mi computadora hago zapping por la tele de Filadelfia y me detengo en un canal que ofrece una misa desde el “Miracle Temple of Christ”, una de las iglesias de gueto. En el altar, un tipo enorme, el apóstol Warren Martin, preside la ceremonia con un traje gris metálico, a juego con un chalequillo y zapatos también grises.

20al_t607Unos grandes altavoces flanquean los laterales del altar y causan la insoportable inundación musical de un órgano solista que alguien maltrata a la derecha del pastor. El sonido sólo puede corresponder a algún sacrificio auditivo, alguna extraña penitencia que consiste en someterse durante media hora a la estridencia del instrumento a palo seco. Nada de gospel.

En los minutos que llevo ante la pantalla mister Warren Martin aún no ha hablado: es un fenómeno de la naturaleza que baila y se desgañita. Baila desquiciado, presa de alguna droga ritual y vocifera tres o cuatro frases: “My Lord!!”, “Jesus!!”, “Oh, my Lord!!”. Por debajo de él, el público se agolpa en las primeras tres o cuatro filas de asientos y muestra una conducta autista, como si cada cual viajara a años luz de aquella iglesia de Northphilly y desconociera a quienes tiene alrededor. Algunos miran al techo y alzan las manos, otros permanecen impasibles, los más animosos se mueven con frenesí mientras cuatro o cinco se tumban en mitad del pasillo y se quedan completamente quietos. Un tipo tamaño mamut está de pie y mira a su alrededor con cara de aburrimiento, pero de pronto se sienta en las escaleras del altar y eleva sus manos llenas de joyas. Luego ayuda a levantarse a los que están tumbados y han concluido su viaje astral.

De repente se apaga el estruendo y cesa el caos. Silencio. En medio de la expectación el reverendo se acerca al púlpito, agarra la biblia y pega otro grito destemplado: “Word of Christ!!!!” (Palabra de Cristo!!!) con lo que de nuevo comienza el aquelarre y las convulsiones y la gente tirándose en mitad del pasillo: ¡Sácanos de Northphilly, Dios mío, sácanos de esta mierda de barrio y mándanos a cualquier lugar donde los negros bailen guaguancó!, ¡este es el sacrificio que te ofrecemos!

Pobres negros, pobres negros los de Northphilly, que no tienen guaguancó, sólo un órgano machacón y un pastor con un desorden mental agudo.

Poco después se interrumpe la grabación de la misa y aparece mister Warren Martin en su despacho. Mira a la cámara, adopta una pose de sosiego clerical, modula la voz y nos invita a entrar en su iglesia, que tiene las puertas abiertas para todos nosotros. Aún estoy pensando si dejarme caer por allí para asesinar al organista o, ahora que llega el infernal invierno, someterme a su penitencia: a ver si dios me saca de Filadelfia y me manda directito a la playa de Piñones, a una barra que yo me sé, donde los negros bailan guaguancó.

Share

Haz tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

code