Después de bastante tiempo me he enfrentado estos días a una novela del oeste (y no digo novelita, pues esta pasa de las 200 págs.). Se trata de Eastwoodville, escrita por Pedro González Núñez y publicada en su colección Western Pulp Siglo XXI por Yeray Ediciones.

Es hora pues de ensillar el caballo e iniciar la cabalgada, junto a Wayne James, en dirección a Eastwoodville, en este universo donde todo -nombres, apellidos, lugares- es homenaje a los héroes del género. Wayne, que se nos presenta como un «pistolero venido a menos», hace el camino a regañadientes hacia esa peligrosa ciudad, pero a sabiendas de que ajustar cuentas con su pasado es requisito indispensable para superar su destino y alcanzar la paz.
Eastwoodville, estilo desenfadado y aventuras
El tono de la obra es desenfadado, con diálogos muy coloquiales trufados de «apelativos cariñosos» y un estilo con abundante adjetivación, que aporta un suave tono irónico. Ello nos ha hecho sentirnos a veces en el ámbito del «espaguetis con chorizo western«; pero en el fondo de Eastwoodville se descubre un núcleo fiel al western clásico: el espíritu del héroe romántico, pistolero que otrora fue ladrón y asesino, pero que es hoy un baluarte de ánimo insobornable que avanza, con su pandilla de aliados y a través de todas las peripecias, en pos de un cierto ideal de limpieza y justicia.
El trayecto de los personajes nos irá llevando por muchos -si no todos- los elementos constitutivos del género del oeste: el salón, la diligencia, el duelo, la banda, los apaches, el ferrocarril, el tiroteo, los ganaderos, el sheriff… En cada punto, los peligros y las luchas serán encarnizadas, mientras los polvorientos héroes evitan a sus enemigos y van recabando los necesarios apoyos para afrontar la lucha final.
Durante todo el desarrollo de la acción, la aportación de los secundarios, bien diferenciados, es contundente. Tanto con sus habilidades, como con su carácter y humor… incluso trayendo un suave tonteo amoroso… Los malos, vengativos y persistentes. Y el enemigo existencial de nuestro pistolero -su verdadera némesis-, cínico y traicionero.
Regresamos ya, a lomos de nuestros jamelgos, de nuestro viaje por el «far west». Pensando que, a buen seguro, las peripecias de los personajes de Eastwoodville harán las delicias del aficionado a «las de vaqueros», en su versión más simpática y aventurera.