Una batalla tras otra y Eddington

Pese a mis precauciones de gato escaldado, me he tragado dos películas ameriquenses de «prestigio» hechas el año recientemente acabado (bueno, una y pico). «Eddington» tuve el cuajo de vérmela entera, por mi afamada ingenuidad y porque era una «corrosiva sátira política sobre las derivas conspiranoicas».

En qué consiste la «crítica» en el cine estadounidense

Ahora bien, era crítica en el sentido en que el cine USA puede criticarlo todo: Para empezar, presentándolo como simpático y entretenido, nada que sea desagradable (1ª desactivación de la crítica). Y atribuyendo lo criticado a algún personaje muy pirado, por lo que el público puede seguir haciendo lo mismo que antes, ya que ellos se tienen por sensatos (2ª desactivación de la crítica). Aplíquese luego, una estética artesanalmente espectacular y colorista. Y, en el último tercio del metraje, la infaltable ensalada de tiroteos masivos, muertos a gogó y acción frenética e idiotizante.

Eddington

Con eso (como ocurre en «Eddington»), la corrosión crítica queda en nada, salvo la corrosión del cerebro del desprevenido espectador… Que luego saldrá, encantado y entretenido, diciendo «Buah, no deja títere con cabeza».

De acuerdo, debí haber escrito un varapalo, pues para eso está El Varapalo; pero a veces me pasa que me quedo tan revuelto que solo por la pereza de seguir pensando más rato sobre ello, dejo al bodrio escapar indemne.

«Una batalla tras otra»: Revolución estilo Rambo pero en familia

Con «Una batalla tras otra» he andado más listo. Se nos presenta también como una obra «prestigiosa», adaptación del novelista, por otro lado ilegible, Thomas Pynchon, etc. Pues resulta que va de un fantasioso comando terrorista revolucionario que pone en jaque a todo el sistema usaca a base de bombazos, cohetes, metralletas y toda la parafernalia circense y disparatada con la que esta gente piensa la ficción (y, en cuanto te descuidas, la realidad…).

Una batalla tras otra

Ya desde las primeras secuencias se nos muestra una interpretación tan peliculera, sobreactuada, hiperbólica, grosera, algo como una caricatura del actor ameriquense rompedor-«cool» de los telefilmes; cuenta además con una realización tan manida de «thriller» con su dinamismo artesanal y estereotipado; y para terminar, exhibe unos personajes, situaciones y acciones tan inverosímiles, impostados, delirantes, tan de tebeo de superhéroes moderno (todo lo cual en efecto sería quizá aceptable en un cómic sin pretensiones o en una producción de serie B, pero no en algo que va en plan «cualité»)…

Pues…, tan todo lo anterior, como digo, que a los 15 minutos justos me he bajado del burro. Sí, no está bien despotricar sin haber visto la obra completa; pero es que la vida es muy corta para perderla en algo de factura tan rancia artísticamente y tan irrelevante humanamente.

Pero cuidado, creo que luego los revolucionarios forman una familia, con los consiguientes problemas de conciliación de la vida terrorista y familiar, hijos adolescentes no binarios y tal y tal… (véase el giro dramático y afectivo de los acontecimientos en dirección a la taquilla), así que, entre la parte drama familiar y la parte combativa (acaso interpretable como anti Trump), no me extrañaría que a la desaforada y gesticulante revolucionaria (se llama Perfidia, como un personaje de Bruguera), me le dieran este año un premio de esos a la más grandiosa actriz…

Una batalla tras otra

 

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