Interesante nos ha parecido la película Sorda (Eva Libertad, 2025), con un valor casi diríamos que documental sobre la vida cotidiana de las personas sordas. La directora conoce bien el tema (ya firmó en 2021 un corto con el mismo título) ya que la actriz protagonista —que realiza, por cierto, un gran trabajo—, Míriam Garlo, es su hermana.
Sordos y oyentes en la vida cotidiana
La cinta, a nivel cinematográfico, no tiene ningún misterio y se limita a contar la historia en un estilo transparente, artesanal, bien logrado profesionalmente, eficaz. Nos muestra muchos detalles de lo que supone no oír en situaciones cotidianas, y cómo varían —y se adaptan— buen número de actividades vitales a resultas de esta particularidad física.

La ficción se centra en el conflicto que surge al mezclarse grupos de personas oyentes con sordos y viceversa. Pues ya vemos que los grupos homogéneos, con las pertinentes adaptaciones, funcionan bien, o de manera estable y razonablemente satisfactoria. Sin embargo la protagonista, al estar casada con un oyente, y formar parte de círculos mixtos, se enfrenta con una curiosa situación de «lucha por la comunicación», es decir, por no quedar apartada e invisible en situaciones comunicativas.
Sorda, la lucha por la comunicación
Lo que el espectador comprende —y probablemente nunca había pensado en ello— es que el sordo simplemente se comunica con otro lenguaje. Si todos los presentes hablan ese lenguaje, por ser también sordos, todo va bien. Pero en un contexto de oyentes, la persona sorda es como un extranjero que no domina el idioma. Algunas comunidades, la propia familia, se transforman, por amor, en bilingües, pero no así la mayoría de los grupos.

Incluso en ocasiones se ve que los sordos están incluso más cómodos y se refugian en su propia colectividad donde todos hablan el mismo idioma. ¿Pero qué pasará cuando un sordo tiene un hijo oyente? Se crea así un curioso conflicto respecto al lenguaje que debe usarse con el niño, y con el papel educativo y afectivo de una madre sorda que se siente sistemáticamente marginada de la comunicación..
En definitiva, Sorda es una película recomendable, por su contenido, ya que nos abre a diferentes experiencias y problemáticas humanas que no deberían pasar desapercibidas.