Maspalomas (José Mari Goenaga, Aitor Arregi)

Me acerqué a Maspalomas (José Mari Goenaga, Aitor Arregi, 2025) con cierta prevención, como nominada que está a las Medallas CEC, pensando que sería de esas «creaciones» que se arriman a los temas en candelero para adquirir notoriedad. Y, por el contrario, tras ver la película me siento mucho menos inclinado a aplicarle ese varapalo, pues sí me ha interesado y aportado la historia.

Y ello no precisamente por la técnica cinematográfica, pues en este sentido, Maspalomas es una obra de alcance menor, con una técnica correcta, «netflix», transparente y de fácil lectura. Si bien realizada con profesionalidad y eficacia.

Maspalomas, el deseo que nos mueve

Sus principales valores están, a mi juicio, en el personaje y en la historia narrada. En cuanto al personaje, nos transmite una honda verdad sobre el ser humano, sobre los deseos básicos que, al fin y al cabo y a pesar de sus miserias, son los que nos mueven (o al menos a la mayoría), muy por encima, o por debajo, de las construcciones de sentido social o personal (ambiciones, creación) que nos fabricamos. Muestra el poder inagotable del deseo, que al tiempo libera y esclaviza, a cualquier edad y por encima de todos los condicionantes.

Maspalomas (José Mari Goenaga, Aitor Arregi)

La lucha por ubicarse en el mundo

A partir de ahí, se produce la lucha (sorda casi siempre, pese a la mayor repercusión que suelen tener los casos espectaculares) de ese cuerpo portador de deseo, por realizarse en medio de un entorno social que está como mínimo fuera de su control, cuando no en clara oposición. Pues ese deseo como fuerza motriz y agónica es casi siempre egoísta, desconsiderado, asocial… Y a la vez luchador, resistente, persistente… si quiere llegar a algún cumplimiento. Sin olvidar que esa búsqueda de realización en el espacio social requiere también aceptación interna, abrirse a una expresión desnuda de sí mismo. Por suerte, en ese viaje duro, las relaciones personales, la amistad, el cariño… son un necesario bálsamo.

En cuanto a la estructura narrativa, Maspalomas cuenta con una virtud adicional. En varias ocasiones la historia llega a un punto en que el espectador comprende, a fin de cuentas, de qué va la película, cómo va a continuar. Pero no; realmente la historia da un giro (sin las alharacas tan comunes por suerte) y es como si empezara otra película, o al menos otra etapa con nuevo aire, en dirección a un final que nos ha parecido satisfactorio.

Por lo demás, buena descripción de ambientes, correcta realización de las secuencias, dinámica y con ritmo. Buenos personajes secundarios también y a destacar la interpretación de José Ramón Soroiz, Kandido Uranga y Nagore Aranburu en los personajes principales de esta película que explora con crudeza la naturaleza humana, pero sin incurrir para ello en disparates ni en fantasías nihilistas.

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