Vi «La buena letra» (Celia Rico, 2025), sobre todo porque está parcialmente rodada en mi actual pueblo de adopción e incluso conozco a alguno de los extras… Por lo demás es una película tranquila, suave, de corrientes subterráneas. Quizá demasiado intimista (o quizá no, pues acaso hoy la exploración de la subjetividad individual, su recuerdo minucioso, es una virtud en sí misma). Intuyo que la obra de Rafael Chirbes en la que se basa (1992) será de interés, si bien al ver la película me ha dado una impresión como de historia «desecada» por así decir. Otro ligero problema que le veo es que, para ser levantinos de pueblo, el ruido, la vitalidad, brillan por su ausencia. Vale que es la posguerra, pero es que que los personajes actúan, hablan, gesticulan, como suecos en una película de Bergman…

Dicen las reseñas fáciles que trata de la posguerra y del heroico papel de las mujeres en ella. Sí, es ello un factor, y por cierto que la ambientación de época está muy lograda. Pero el verdadero tema, para mí, es el pequeño mundo de expectativas, envidias, recelos, secretos y rencores que anidan bajo la afectuosa y suave superficie de la vida familiar. Hay un extraño contraste entre la actitud de unos, resignada, voluntariamente empequeñecida, que espera de los demás el mismo sacrificio; y la de otros, sensibles a lo moderno, a los placeres, a conseguir cosas aunque sea a pesar de lo «correcto» familiar (de lo moral acaso). Y el proceso en que estas diferencias sutiles, de forma de sentir o de enfocar la vida, van ahondándose, retorciéndose… es la fuerza que hace avanzar la película, lento pero seguro, hacia un final inesperado e intenso.
«Los domingos». La familia y uno menos
En «Los domingos» (2025) ha seguido Alauda Ruiz de Azúa el mismo sistema que utilizó en «Cinco lobitos»: introducir en un entorno familiar un elemento disruptivo que hace aflorar toda la red de convenciones asumidas, compromisos, rivalidades, agravios, amores frustrados que terminan en odio…, etc., que anidaban en ella. Si en su anterior película era la llegada conflictiva de una maternidad difícil de sobrellevar; en «Los domingos» se trata de la aparición en un miembro adolescente de una vocación religiosa, la cual altera las expectativas familiares sobre lo «correcto» en la evolución de los hijos.

Algunas sinopsis simplistas quieren centrar el tema en la cuestión religiosa; pero lo cierto que se da en la película una religiosidad sin espiritualidad, o sea sin sentimiento de amor general, de bondad, de sacrificio, de fusión con el universo, etc. Solo accedemos a un remedo de lo espiritual mediante la música religiosa y mediante la mirada perdida de la actriz. Pero el centro de la historia no es la experiencia espiritual con toda su dimensión oceánica…
En cuanto a lo religioso, se da simplemente un mensaje estereotipado de «Dios me ha llamado y quiero dedicar mi vida a rezarle», que sirve de detonante para que aflore todo el problema familiar. Pero para el caso, haría la misma función en la película que se tratara de otra religión, o de otra vocación o proyecto vital, con tal de que fuera muy absorbente y, sobre todo, muy alejado de lo esperado en el medio social y familiar… Al alterarse las expectativas asumidas por la familia, las relaciones entre el resto de miembros se tensan, salen de su esquema acostumbrado y empiezan a mostrarse más y más a las claras los conflictos que permanecían ocultos o latentes. Así pues asistimos a abundantes trifulcas familiares en las que se va sustanciando la diferencia de posiciones, en un proceso, tan actual de «polarización».
Y además de estos procesos de conflicto y eventual disolución familiar, muy del gusto de la época por lo que parece (como hemos visto se da en «La buena letra», pero también los intríngulis familiares son centrales en «Romería», etc…), hay otro elemento destacable en la película, que es la libertad de elección individual incluso a una edad temprana, por muy desusado que sea el camino elegido: puede ser meterse monja como podría ser por ejemplo hacerse hippy o cambiarse de sexo. No hay criterios que permitan a nadie empujar en una dirección u otra al adolescente, basta su sentir. Y en la película se recalca como bienintencionado pero erróneo el papel de quien invoca criterios más allá de lo individual para influir o aconsejar.