Cristina Serrano: Autofobia

Cristina Serrano: AutofobiaLa perturbación mental poetizada

Autofobia es desasosiego”, dice la contraportada de este breve volumen de relatos, segunda obra de su autora, Cristina Serrano. Autofobia es también temor o aversión a uno mismo. Es perturbación mental, rasgo que une a todas las protagonistas, al menos de los seis primeros cuentos del libro (aparecido en Huerga y Fierro editores, 2019).

Son todas ellas personajes (¿o es acaso siempre la misma mujer?) víctimas de alguna enajenación mental, pero que nos es contada —y ahí está la gracia del libro— con una voluntad poética que trasmuta la percepción trastornada en una suerte de realismo mágico.

La vida cotidiana se nos presenta como una sucesión de situaciones y acciones más allá de la lógica pero bañadas en una atmósfera de surrealismo risueño y algo infantil acaso. A veces esa voz de lo perturbado tiene una resonancia como de cuento de hadas, o de greguería:

“La niña encogió y se quedó muda”. (p. 29)

“…una chaqueta de una lana suave … idónea para sustituir caricias”. (p. 21)

Más que narrativo, el discurso tiene a menudo la sonoridad de la prosa poética. El lenguaje es siempre sencillo, minimalista, deslavazado por momentos, con la cadencia de lo onírico, y un humor suave que acentúa, queriendo o sin querer, el horror de la perturbación mental.

Porque ese horror está ahí, dulcificado por la amable ternura de las palabras: delirios y alucinaciones, alejamiento de la realidad, autosabotaje, desorientación, angustia, claustrofobia y manías varias… En algunos párrafos se trasluce una gran soledad, un aislamiento, como si los personajes habitaran en un cuadro de Magritte, o de De Chirico…

Cristina Serrano: Autofobia y la gestión del recuerdo

Un elemento recurrente, que parece hallarse en el núcleo de diversas situaciones dolorosas, es la incapacidad para procesar, para digerir, el pasado y los recuerdos. Esto causa una rigidez o desecación afectiva, en la protagonista o en ‘la madre’, un enquistamiento de las emociones:

“El motivo de su llanto siempre era el mismo, se tragaba sus recuerdos y una vez en su garganta, se convertían en cemento”. (p. 28)

En alguna ocasión se enuncia explícitamente una tentativa de solución:

“Sonrió y puso los recuerdos en su sitio”. (p. 43)

Pero en general la sensación es que el enquistamiento no cuenta con vías de escape que no sean traumáticas:

“Entonces arrojó el contenido de la caja a la chimenea. Muy despacio, vio como ardían sus ayeres y como desaparecían, uno a uno, su recuerdos difusos”. (p. 50)

El libro se completa con otros tres cuentos que exploran varios casos extraños con un aire fantástico y, digamos, metafórico: sobre el placer y el deber, el enemigo necesario, la incógnita del destino, la tentación…

Pero el regusto final que nos queda de Autofobia, su rasgo propio, es ese ‘realismo mágico de lo perturbado’. Una voz bien lograda por Serrano que nos pasea por el universo ilógico, surrealista, con toques de humor pero también de un horror sutil, propio del extrañamiento y de lo mentalmente trastornado.

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