Moramay Kuri y sus escritores entre las tumbas

Desde hace más de 20 años, la cámara de Moramay Kuri somete a los escritores a un sacrificio ritual. Después conducirles a un cementerio y retratarles entre las tumbas, deben presentar un manuscrito con el que sellan el particular pacto que siempre existió entre fotografía, escritura y muerte. Sus imágenes, junto a los textos inéditos, pronto aparecerán en forma de libro.

barbara jacobs
Bárbara Jacobs © Moramay Kuri

P: ¿Cómo comienzas a hacer fotos de escritores?

En el 92, cuando trabajaba en el periódico Novedades. Yo acababa de salir de la UAM de estudiar comunicación, donde me había interesado mucho por la fotografía: había tomado un curso que me fascinó con Mariana Yampolski, me gustaba lo que había hecho Tina Modotti, ya sabes… y me interesé mucho por el retrato. Y ahí empecé a retratar a escritores. El primer escritor para este proyecto de los panteones fue Antonio Deltoro, y la primera foto que publiqué, en Planeta, fue de Juan Villoro, para un libro que se llama Albercas, debió ser en el 93.

P: ¿Cuánto de fetichismo tiene este proyecto?

¡Todo! Lo de retratar escritores surgió porque en Novedades siempre se necesitaban fotos y yo trabajaba cerca de Ricardo Salazar, que era el fotógrafo, alguien a quien yo admiro muchísimo, un gran fotógrafo de escritores al que nadie reconoce en México. Pero fue una inspiración de una noche, que dije, voy a hacer la colección más grande de escritores mexicanos que haya. Y así empecé. Algo que se ha ampliado a españoles, argentinos… Y lo de los panteones surgió porque José de la Colina, que era mi jefe en el Novedades en esa época, estaba obsesionado con una tumba apócrifa que había de Isadora Duncan, porque la verdadera está en París. Y me propuso que le acompañara a tomar unas fotos junto a Jorge López Paéz.  Y también se me ocurrió por algo que había platicado con Tito Monterroso, que me enseñó una foto que a mi me había encantado de París, en un panteón, y me empecé a obsesionar con ellos.

Sergio Pitol ©Moramay Kuri
Sergio Pitol © Moramay Kuri

P: Hablas como si fueran otros quienes te dirigieran hacia los cementerios, pero me temo que te atraen más que a nadie.

Sí. El primer panteón que me fascinó fue el de Puerto Rico, el cementerio de hombres ilustres, que es un cementerio blanco increíble, y me quedaba horas allí. Se me hacía como el paraíso. Y ahorita se me convirtió en una obsesión.

P: Una cosa que me gusta de tus imágenes es que muchas son como «fotografías encontradas», en las que el escritor parece que estuviera antes de posar o después de haber posado.

Es que no me gusta que posen. Hay algunos que posan, definitivamente, pero en general los pone muy nerviosos ir al panteón y posar, y para relajarlos sigo hablando y ahí les tomo las fotos, que en genereal son sin pose. Jamás les meto Photoshop… apenas me cambié al asunto digital.

Enrique Vila Matas © Moramay Kuri
Enrique Vila Matas © Moramay Kuri

P: Hay un bonito contraste entre el panteón, que es un sitio detenido en el tiempo, y esa pose no posada del fotografiado.

Sí, es muy curioso. Hay gente, como Vila Matas, al que le tuve que llevar con engaños, porque no quería ir a un cementerio. Entonces me encontraba cerca de su hotel y empecé a platicar con una española, que resultó que era su esposa. Y al llegar Vila Matas le dijo: «Mañana va a pasar Moramay por nosotros para ir al cementerio». Pero luego, cuando llegamos y empezó a ver las tumbas de un cementerio muy pobre, se fascinó y se relajó, aunque en sus fotos se ve tenso. A Alberto Ruíz Sánchez comencé a perseguirlo hace 20 años y hasta hace un año o así no fuimos al panteón.

P: El cementerio en México es un espacio diferente, supongo que hasta cierto punto es un lugar «vivo». En España, sin embargo, es un espacio clausurado con el que se ha perdido todo contacto.

Hay una cosa que a mí me fascina, que es el día de muertos. Llevarle a los muertos cigarros, tequila, comida… «pues es que a él le encantaba su cigarrito»… y otra cosa que me fascina de los cementerios es que las tumbas se mueven de lugar, las raíces de los árboles mueven las tumbas. Aunque hay lugares donde no hay árboles y las tumbas también están movidas. Y también que siempre pasan cosas. Por ejemplo, cuando fui al cementerio de Oaxaca con Fernando Contreras Castro, y se nos acercó un señor para que le tomara una foto, porque decía que nadie en su vida le había tomado una foto, y que ya había enterrado a su madre y a su hermana y que él ya se iba a morir, porque estaba muy viejito. Yo le tomé la foto y le dije que mañana se la imprimiría y se la daría, y entonces me dijo  «no, yo no la quiero, si yo ya me voy a morir», entonces yo le pregunté que qué hacía con ella, y me respondió «pues cuélguela de la sala de su casa para que alguien en el mundo sepa que existí». Y ya no lo volví a ver.

Carlos Monsiváis ©Moramay Kuri
Carlos Monsiváis © Moramay Kuri

P: ¿Qué fotos recuerdas especialmente?

Siempre surge una cierta complicidad con la gente que retratas. Después de ir con Bárbara Jacobs nos hicimios muy amigas, o las que le tomé a Tito Monterroso o a Savater, a quien le acababan de volar el piso de debajo de su casa los etarras. A él le tomé unas fotos detrás de unos bambús. P: ¿Por qué lo de los bambús? Lo que ocurre es que tengo un proyecto de escritores tras las rejas, emulando la foto que Siqueiros tiene en Lecumberri [la cárcel de Lecumberri], por eso Carlos Fuentes se puso detrás de unas rejas e hizo exactamente el mismo gesto. Y en casa de Savater no había rejas, sino esos bambús, y se metió para que hubiera rejas. A Salvador Elizondo nunca me habían dejado tomarle fotos, porque su mujer Paulina Lavista es fotógrafa. Y un día fui a rodar un programa a su casa y Paulina Lavista se había ido al baño y Elizondo me volteó a ver y me dijo «ahorita, ahorita tómeme las fotos». Y yo le tomé como cinco o así, y en una de ellas está muriéndose de la risa. Y esas fotos las recuerdo con mucho cariño.

Carlos Fuentes ©Moramay Kuri
Carlos Fuentes © Moramay Kuri

P: ¿Alguna asignatura pendiente?

Villoro. Juan Villoro, al que le he tomado miles de fotos, pero nunca en el cementerio. Siempre me dice que sí, pero… eran Villoro y Ruíz Sánchez. Ruíz Sánchez ya lo logré y Villoro… no voy a sacar mi libro si no está Villoro ahí.

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